Vientos de Doctrinas



"Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error" Ef. 4:14



Doctrina de hombres y de demonios


La Palabra de Dios nos advierte sobre otros tipos de doctrinas que no provienen de Dios. Son mandamientos y doctrinas de hombres (Col. 2:22), y doctrinas de demonios (1 Ti. 4:1).
Las doctrinas de hombres fueron censuradas por el Señor, quien para descalificarlas citó a Isaías: "En vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres" (Mr. 7:6,7). Los hombres suelen elaborar doctrinas aparentemente piadosas, pero que generan divisiones y enfermedad espiritual. Los fariseos y saduceos tenían doctrinas muy elaboradas, que Jesús calificó de levadura por su efecto contaminante (Mt. 16:6).
Estas doctrinas humanas pueden infiltrarse en la iglesia del Señor. Contamos con el testimonio de lo que sucedía en la iglesia de Pérgamo: "Tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación. Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco" (Ap. 2:14,15).
En Colosas, donde pretendían infiltrar doctrinas humanas, los creyentes reciben la advertencia apostólica: "Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres… y no según Cristo" (Col. 2:8). El apóstol señala con claridad la diferencia entre las doctrinas elaboradas por tradiciones humanas y la de Cristo. La doctrina humana puede ser permisiva o restrictiva. En el caso de Balaam, que aceptaba y promovía la fornicación, la doctrina era permisiva; pero en Colosas era restrictiva: "¿Por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: "No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso?" (Col. 2:20-22).
La doctrina falsa, restrictiva o permisiva, siempre es perniciosa y abre el camino al libertinaje o al fariseísmo. El hombre no elabora doctrinas saludables sino enfermizas y contagiosas.
También se habla de doctrinas de demonios; contra ellas advierte el apóstol Pablo a Timoteo: "Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios" (1 Ti. 4:1). Esa doctrina infecta a la iglesia por vía humana, "por la hipocresía de mentirosos…" (v.2).
Todas estas doctrinas, aunque se vistan de piedad, son contrarias a la enseñanza del Señor.
Efectos de la doctrina falsa
La falsa doctrina tiene consecuencias perturbadoras en la vida de los cristianos y en la iglesia del Señor, por eso debe prestársele mucha atención, y cuidarse de ella cuando asoma: "Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos" (Ro. 16:17). Estas doctrinas producen divisiones entre los hermanos y tropiezos en la marcha de la vida espiritual de todo el cuerpo de Cristo.
Debe, por lo tanto, diferenciarse bien lo que es sana doctrina de la doctrina falsa o de invención humana, inspirada por Satanás. Por eso tenemos que ser cuidadosos. Cuando afirmamos que "el amor une y la doctrina divide", hay que ser precisos: lo que divide es la doctrina de corte humano e inspiración diabólica.
La sana doctrina, enseñada por el Señor y transmitida por los apóstoles, proviene de Dios. Así lo afirmó Jesús cuando dijo: "Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió" (Jn. 7:16). Esta enseñanza jamás puede causar divisiones, es más, es el vínculo más importante del pueblo de Dios.
Cuando la doctrina falsa se introduce en la iglesia, se detiene el proceso de edificación y aumentan los conflictos; por eso es que a Satanás le agrada promoverla, porque responde a sus fines. En esos casos, se ordena a los pastores actuar con autoridad, mandando expresamente que no la permitan e instruyan al pueblo para que la desechen (1 Ti. 1:3).
La sana doctrina, por el contrario, tiene efecto saludable en la vida de quien la recibe. Aunque a veces es dura, señala errores y exige enmiendas, todo eso lleva a vivir a plenitud en Cristo.
El ministro de Dios tiene que sentir la responsabilidad de predicar lo que Dios manda con la certeza de que es saludable para su pueblo. "Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido" (1 Ti. 4:6). El cuidado que tengamos de nosotros mismos y de la doctrina redundará en beneficio espiritual para todo el pueblo de Dios (1 Ti. 4:16).
Un pueblo nutrido con la sana doctrina adquiere madurez y firmeza, se mantiene lozano y puede enfrentar, sin fluctuar, todos los vientos de doctrina que sacuden a los indoctos e inmaduros (Ef. 4:14).

Cómo evaluar la doctrina

¿Cómo saber que una doctrina es sana? Hay una sola manera: remitirnos a la Palabra de Dios. Todo el sano consejo de Dios está revelado en ella. Si la obedecemos, ciertamente estaremos en la sana doctrina. Si nuestra predicación se basa en la Palabra de Dios estamos enseñando la sana doctrina.
Las Escrituras no son para respaldar nuestras propias ideas. Es verdad que muchas interpretaciones han producido algunas parcelas en el pueblo de Dios, pero son cuestiones secundarias y no deberían afectar nunca la comunión cristiana. Sin embargo, el fundamento doctrinal debe ser firme.
Debemos ser incondicionales de la Palabra de Dios, nuestra doctrina tiene que ser clara y fluir directamente de las Sagradas Escrituras.
Hoy, todo lo novedoso cautiva, y eso produce grandes vientos de nuevas doctrinas casi siempre falsas. Por eso tenemos que estar en permanente vigilia para que Satanás no introduzca enseñanzas perturbadoras que aflijan al cuerpo de Cristo.
El aluvión de novedades produce mucha confusión teológica, y permite la introducción de sutiles herejías ataviadas como verdades. Para detectarlas tenemos que desarrollar un discernimiento sano.
Muchas veces nos negamos a hacerlo, y el eclectisismo del mundo –que lleva a aceptar cualquier opinión–, se filtra en la iglesia. Los cristianos tenemos que saber discernir y rechazar el error con firmeza. No podemos ser tolerantes o condescendientes con lo que Satanás quiere introducir para destruir el cuerpo de Cristo.
No debemos ser suspicaces, porque terminaríamos viendo fantasmas donde no los hay; ni ingenuos, porque terminaríamos por negar la realidad. Los falsos maestros están entre nosotros, y las falsas doctrinas golpean constantemente a nuestra puerta.
Recordemos la exhortación del apóstol a los ancianos de Efeso: "Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas… Por tanto, velad" (Hch. 20:30,31). Es ingenuo pensar que Satanás ha perdido su virulencia; sin embargo, él sigue actuando en la misma forma. Cada cristiano debe, por lo tanto, velar para evitar que el enemigo logre concretar sus nefastos objetivos, y recordar la advertencia: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo" (1 Jn. 4:1).

1 Comment:

  1. Biblioteca Reformada said...
    La Vanagloria Evangélica

    Somos un lote muy malo, aunque a muchos les rompa el cerebro aceptarlo. El pelagianismo se ha hecho notar en nuestras congregaciones (el hombre es bueno). Pero si se acepta o no somos hijos de Adán. Una de las pruebas convincentes de nuestra maldad inherente es la manera en que transformamos el bien en mal y conseguimos que nuestras mismas bendiciones sean una maldición para nosotros.

    En cada sermón que escucho siempre coloco toda mi atención para recoger una enseñanza practica, este fin de semana escuche algo muy sensato que a tomado mi pensamiento durante estos días, fui movido a considerar las señales que claramente se están mostrando en nuestros pulpitos, me refiero a lo ruidoso, los shows que muchos predicadores hacen tratando de centrar la atención del creyente en ellos mas que en Dios. Las señales de estos tiempos son muy claras quien no vea lo que sucede es porque carece de visión y discernimiento, las escrituras claramente nos dicen que una de las señales mas fuertes de la apostasía será; los hombres amadores de si mismos mas que de Dios, que con la astucia de sus palabras cautivaran los oídos de muchos que tiene comezón de oír. Muchas veces he visto como el pulpito se ha transformado en un exhibidor de talentos y experiencias propias puestas como ejemplos a seguir escondiendo a si la Gloria de Dios, esto no es nada más que basura disfrazada, solamente el exhibicionismo del yo, la vanagloria evangélica que se esta predicando hoy, muchos de estos predicadores se siente orgullosos de sus experiencias y estimulan a otros a imitarlas, fomentan las divisiones en el cuerpo de Cristo, ellos dividen la iglesia entre los “espirituales y no espirituales”.

    Muchos están dañados por estas modernas enseñanzas, este tipo de diferencias ha producido un tipo de cristiano deprimido e inseguro de lo que Dios ha hecho en su vida.
    Me he propuesto escribir con mas detalle de esto por lo cual les agradeceré sus comentarios y aportes a este tema.

    Un saludo fraternal en Cristo,


    Néstor Rubilar G.

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