Cur Deus Homo
En el siglo XI, uno de los pensadores más brillantes de la Iglesia, Anselmo, arzobispo de Canterbury, escribió tres obras importantes que han influido en la Iglesia desde entonces. En el campo de la filosofía cristiana, nos ofreció su Monologium y su Proslogium; en el campo de la teología sistemática, escribió el gran clásico cristiano Cur Deus Homo, cuya traducción significa “¿Por qué Dios se hizo hombre?”
En esta obra, Anselmo establece los fundamentos filosóficos y teológicos para un aspecto importante en el entendimiento de la Iglesia acerca de la expiación de Cristo, concretamente el punto de vista de la satisfacción de la expiación. Aquí Anselmo sostiene que la expiación resulta necesaria para satisfacer la justicia de Dios. Esta opinión se convirtió en el eje de la ortodoxia cristiana clásica de la Edad Media en cuanto al entendimiento de la Iglesia sobre la obra de Cristo en Su expiación. Desde entonces, sin embargo, el punto de vista de la satisfacción de la expiación ha tenido sus críticas.
En la Edad Media, surgieron preguntas sobre la conveniencia de creer que la expiación de Jesús se hizo necesaria por alguna ley abstracta del universo que requería que la justicia de Dios sea satisfecha. Esto dio lugar al famoso debate Ex Lex. En este debate de Ex Lex, surgió la pregunta de si la voluntad de Dios funcionaba aparte o fuera de cualquier ley (ex lex), o si Su voluntad estaba sujeta a alguna norma de justicia o ley cósmica que requería que Dios la cumpliese y, por tanto, Su voluntad se ejercía bajo la ley (sub lego). La pregunta era: ¿Está Dios aparte de la ley o bajo la ley?
La respuesta de la Iglesia a este dilema consistió básicamente en “restringir ambos lados”, y declarar que Dios no se encuentra ni aparte de la ley ni bajo la ley, en esos dos sentidos respectivos. En otras palabras, la Iglesia respondió afirmando que Dios está a la vez aparte de la ley y bajo la ley; Él es libre de cualquier restricción impuesta sobre Él por alguna ley que exista fuera de Él mismo. En ese sentido, se encuentra aparte de la ley y no bajo ella. Pero al mismo tiempo, Dios no es arbitrario o caprichoso sino que actúa de acuerdo a la ley de Su propia naturaleza. La Iglesia constató que Dios es una ley hacia sí mismo Lo que refleja no un espíritu sin ley dentro de Dios, sino que la norma de Su comportamiento y Su voluntad se basa en lo que los teólogos ortodoxos del siglo XVII llamaban “la ley natural de Dios".
La ley natural de Dios, como expresión teológica, se puede malinterpretar o confundir fácilmente con un concepto más amplio presente en la teoría política y en la teología de la llamada “ley natural” (lex naturalis). En ese sentido, la ley natural hace referencia a aquellas cosas que Dios revela en el mundo de la naturaleza acerca de algunos principios éticos. En contraste con este uso común del término ley natural, la Confesión de Westminster del s. XVII veía la ley natural de Dios de la siguiente manera: Dios se rige de acuerdo a la ley de Su propia naturaleza. Lo que quiere decir que, Dios nunca actúa de tal manera que contradiga Su propia santidad, Su propia justicia, Su propia omnipotencia, etc. Él nunca transige la perfección de Su propio ser o carácter en lo que hace.
Cuando la Iglesia confiesa la necesidad de satisfacción de la justicia de Dios, dicha necesidad no es algo que se impone a Dios desde fuera, sino que es una necesidad que es impuesta a Dios por Su propio carácter y naturaleza. Es necesario para Dios ser Dios, nunca transigir Su propia santidad, rectitud o justicia. Es en ese sentido que se considera necesaria una expiación que satisfaga Su justicia.
Recientemente los pensadores modernos se han opuesto al punto de vista de la satisfacción de la expiación basándose en que éste ensombrece la gracia gratuita y el amor de Dios. Si Dios es un Dios de amor, ¿por qué no puede simplemente perdonar a las personas gratuitamente por la pura motivación de Su propio amor y gracia sin preocuparse de satisfacer algún tipo de justicia, ya sea que se trate de una ley de Su propia naturaleza o una ley impuesta de fuera? Una vez más, este punto de vista de la expiación no logra entender que Dios nunca negociará Su propia justicia, ni siquiera por Su deseo de salvar pecadores.
En la expiación, vemos que Dios manifiesta tanto Su amor misericordioso hacia nosotros así como un compromiso a Su propia rectitud y justicia. La justicia es servida por la obra de Cristo quien satisface los requerimientos de la rectitud de Dios, y de esa forma mantiene el compromiso de Dios a la rectitud y justicia. Dios satisface los requerimientos de Su justicia al darnos un Sustituto que se ponga en nuestro lugar y que ofrezca esa satisfacción por nosotros. Esto muestra maravillosamente la gracia de Dios en medio de esa satisfacción. La gracia de Dios es manifestada con la satisfacción de Su justicia en que ésta se realiza en nuestro lugar a través de Aquél que ha nombrado. Es la naturaleza de Dios como Juez de todo el mundo hacer lo correcto. Y el Juez que hace lo correcto, nunca, nunca transgrede los cánones de Su propia rectitud.
La Biblia explica la cruz en términos de propiciación y expiación, los dos logros de Cristo en nuestro lugar. La Propiciación hace referencia específicamente a la obra de Cristo de satisfacer la justicia de Dios. Paga el castigo por nosotros que es debido a nuestros pecados. Nosotros somos deudores que no podemos pagar en absoluto la deuda moral a la que hemos incurrido con nuestra ofensa en contra de la justicia de Dios, y la ira de Dios se satisface y propicia con el sacrificio perfecto que Cristo realiza en nuestro lugar. Pero eso es tan sólo un aspecto de esa obra. La segunda es la expiación. En la expiación, nuestros pecados son quitados al transferirse o imputarse a Cristo, quien sufre vicariamente en nuestro lugar. Dios es satisfecho y nuestro pecado removido con la expiación perfecta de Jesús. Esto completa el sentido dual en el que el pecado era expiado en el Día de Expiación del antiguo pacto, a través del sacrificio de un animal y la transferencia simbólica de los pecados de las personas sobre el chivo expiatorio que era luego enviado al desierto, quitando así los pecados de esas personas.
En el siglo XI, uno de los pensadores más brillantes de la Iglesia, Anselmo, arzobispo de Canterbury, escribió tres obras importantes que han influido en la Iglesia desde entonces. En el campo de la filosofía cristiana, nos ofreció su Monologium y su Proslogium; en el campo de la teología sistemática, escribió el gran clásico cristiano Cur Deus Homo, cuya traducción significa “¿Por qué Dios se hizo hombre?”
En esta obra, Anselmo establece los fundamentos filosóficos y teológicos para un aspecto importante en el entendimiento de la Iglesia acerca de la expiación de Cristo, concretamente el punto de vista de la satisfacción de la expiación. Aquí Anselmo sostiene que la expiación resulta necesaria para satisfacer la justicia de Dios. Esta opinión se convirtió en el eje de la ortodoxia cristiana clásica de la Edad Media en cuanto al entendimiento de la Iglesia sobre la obra de Cristo en Su expiación. Desde entonces, sin embargo, el punto de vista de la satisfacción de la expiación ha tenido sus críticas.
En la Edad Media, surgieron preguntas sobre la conveniencia de creer que la expiación de Jesús se hizo necesaria por alguna ley abstracta del universo que requería que la justicia de Dios sea satisfecha. Esto dio lugar al famoso debate Ex Lex. En este debate de Ex Lex, surgió la pregunta de si la voluntad de Dios funcionaba aparte o fuera de cualquier ley (ex lex), o si Su voluntad estaba sujeta a alguna norma de justicia o ley cósmica que requería que Dios la cumpliese y, por tanto, Su voluntad se ejercía bajo la ley (sub lego). La pregunta era: ¿Está Dios aparte de la ley o bajo la ley?
La respuesta de la Iglesia a este dilema consistió básicamente en “restringir ambos lados”, y declarar que Dios no se encuentra ni aparte de la ley ni bajo la ley, en esos dos sentidos respectivos. En otras palabras, la Iglesia respondió afirmando que Dios está a la vez aparte de la ley y bajo la ley; Él es libre de cualquier restricción impuesta sobre Él por alguna ley que exista fuera de Él mismo. En ese sentido, se encuentra aparte de la ley y no bajo ella. Pero al mismo tiempo, Dios no es arbitrario o caprichoso sino que actúa de acuerdo a la ley de Su propia naturaleza. La Iglesia constató que Dios es una ley hacia sí mismo Lo que refleja no un espíritu sin ley dentro de Dios, sino que la norma de Su comportamiento y Su voluntad se basa en lo que los teólogos ortodoxos del siglo XVII llamaban “la ley natural de Dios".
La ley natural de Dios, como expresión teológica, se puede malinterpretar o confundir fácilmente con un concepto más amplio presente en la teoría política y en la teología de la llamada “ley natural” (lex naturalis). En ese sentido, la ley natural hace referencia a aquellas cosas que Dios revela en el mundo de la naturaleza acerca de algunos principios éticos. En contraste con este uso común del término ley natural, la Confesión de Westminster del s. XVII veía la ley natural de Dios de la siguiente manera: Dios se rige de acuerdo a la ley de Su propia naturaleza. Lo que quiere decir que, Dios nunca actúa de tal manera que contradiga Su propia santidad, Su propia justicia, Su propia omnipotencia, etc. Él nunca transige la perfección de Su propio ser o carácter en lo que hace.
Cuando la Iglesia confiesa la necesidad de satisfacción de la justicia de Dios, dicha necesidad no es algo que se impone a Dios desde fuera, sino que es una necesidad que es impuesta a Dios por Su propio carácter y naturaleza. Es necesario para Dios ser Dios, nunca transigir Su propia santidad, rectitud o justicia. Es en ese sentido que se considera necesaria una expiación que satisfaga Su justicia.
Recientemente los pensadores modernos se han opuesto al punto de vista de la satisfacción de la expiación basándose en que éste ensombrece la gracia gratuita y el amor de Dios. Si Dios es un Dios de amor, ¿por qué no puede simplemente perdonar a las personas gratuitamente por la pura motivación de Su propio amor y gracia sin preocuparse de satisfacer algún tipo de justicia, ya sea que se trate de una ley de Su propia naturaleza o una ley impuesta de fuera? Una vez más, este punto de vista de la expiación no logra entender que Dios nunca negociará Su propia justicia, ni siquiera por Su deseo de salvar pecadores.
En la expiación, vemos que Dios manifiesta tanto Su amor misericordioso hacia nosotros así como un compromiso a Su propia rectitud y justicia. La justicia es servida por la obra de Cristo quien satisface los requerimientos de la rectitud de Dios, y de esa forma mantiene el compromiso de Dios a la rectitud y justicia. Dios satisface los requerimientos de Su justicia al darnos un Sustituto que se ponga en nuestro lugar y que ofrezca esa satisfacción por nosotros. Esto muestra maravillosamente la gracia de Dios en medio de esa satisfacción. La gracia de Dios es manifestada con la satisfacción de Su justicia en que ésta se realiza en nuestro lugar a través de Aquél que ha nombrado. Es la naturaleza de Dios como Juez de todo el mundo hacer lo correcto. Y el Juez que hace lo correcto, nunca, nunca transgrede los cánones de Su propia rectitud.
La Biblia explica la cruz en términos de propiciación y expiación, los dos logros de Cristo en nuestro lugar. La Propiciación hace referencia específicamente a la obra de Cristo de satisfacer la justicia de Dios. Paga el castigo por nosotros que es debido a nuestros pecados. Nosotros somos deudores que no podemos pagar en absoluto la deuda moral a la que hemos incurrido con nuestra ofensa en contra de la justicia de Dios, y la ira de Dios se satisface y propicia con el sacrificio perfecto que Cristo realiza en nuestro lugar. Pero eso es tan sólo un aspecto de esa obra. La segunda es la expiación. En la expiación, nuestros pecados son quitados al transferirse o imputarse a Cristo, quien sufre vicariamente en nuestro lugar. Dios es satisfecho y nuestro pecado removido con la expiación perfecta de Jesús. Esto completa el sentido dual en el que el pecado era expiado en el Día de Expiación del antiguo pacto, a través del sacrificio de un animal y la transferencia simbólica de los pecados de las personas sobre el chivo expiatorio que era luego enviado al desierto, quitando así los pecados de esas personas.
¿Qué es el Evangelio?
¿Qué es el Evangelio? Lo diré en una oración.
El Evangelio es la noticia de que Jesucristo, el Justo, murió por nuestros pecados y se levantó de nuevo, triunfante por toda la eternidad sobre todos sus enemigos, para que ahora no haya condena para aquellos que creen sino solo un gozo eterno.
Eso es el Evangelio.
Eso es el Evangelio.
No Puedes Superar al Evangelio
Nunca, nunca nunca superas tu necesidad de él. Nunca pienses en el evangelio como, "Esa es la manera en la que se salva y después se fortifica por dejándolo y haciendo cualquier otra cosa".
¡No! Dios nos fortalece diariamente por medio del evangelio hasta el día de nuestra muerte.
Nunca, nunca nunca superas tu necesidad de él. Nunca pienses en el evangelio como, "Esa es la manera en la que se salva y después se fortifica por dejándolo y haciendo cualquier otra cosa".
¡No! Dios nos fortalece diariamente por medio del evangelio hasta el día de nuestra muerte.
Tú nunca superas la necesidad de predicarte el evangelio.
Cómo se Fortalece el Evangelio
Aquí hay un ejemplo, y lo uso no porque sea muy importante hablar de mi vida sino porque es por lo que he pasado y donde más puse énfasis en el último año en que experimenté el poder del evangelio para fortalecerme. (Muchos de ustedes están pasando por situaciones mucho más difíciles que el cáncer de próstata- mucho más difíciles).
¿Recuerdan los versos que compartí con ustedes en febrero pasado y que fueron muy fuertes para mi? Fue en el momento justo después en que el doctor dijo "creo que necesitamos hacer una biopsia," cuando vino esa puñalada de miedo. Afortunadamente no duró mucho.
Aquí hay un ejemplo, y lo uso no porque sea muy importante hablar de mi vida sino porque es por lo que he pasado y donde más puse énfasis en el último año en que experimenté el poder del evangelio para fortalecerme. (Muchos de ustedes están pasando por situaciones mucho más difíciles que el cáncer de próstata- mucho más difíciles).
¿Recuerdan los versos que compartí con ustedes en febrero pasado y que fueron muy fuertes para mi? Fue en el momento justo después en que el doctor dijo "creo que necesitamos hacer una biopsia," cuando vino esa puñalada de miedo. Afortunadamente no duró mucho.
Y después vino - ¿Qué? 1Tesalonisenses 5:9-10. No es mas que puro evangelio.
Dios no te destinó para la ira sino para obtener la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo que murió por ti para que ya sea que despiertes o duermas tú vivirás con él.
Estable. Paz como un río.
Dios no te destinó para la ira sino para obtener la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo que murió por ti para que ya sea que despiertes o duermas tú vivirás con él.
Estable. Paz como un río.
El Evangelio es Perfecto para Tus Necesidades
Eso es el evangelio—perfectamente a tiempo, perfectamente aplicado, perfectamente adaptado a mis necesidades. Por eso la Biblia está tan gruesa—porque son muchas las diferentes necesidades que tienes. Y hay lugares adecuados donde el evangelio se despliega para ti, así que si profundizas en el libro completo, siempre con un ojo en lo que Cristo ha forjado para ti y compró para ti en esta gruesa, gloriosa historia de la interacción de Dios con las personas, él te dará lo que necesitas.
Por lo tanto, todo mi ser dice y espero decir hasta el día de mi muerte, "Ahora, para él que es capaz de fortalecerme, de acuerdo con el evangelio de Pablo, para él—para ese Dios—sea la gloria por siempre".
Dios entró en la historia en Jesucristo; él murió para destruir la fuerza del infierno, de la muerte, Satán y el pecado; y lo hizo por medio del evangelio de Jesucristo.
Una Petición para Creer
Yo sé que hay personas que están leyendo esto que no confían en Jesucristo y por lo tanto solo pueden esperar condena. Así que solo pediré contigo aquí al final, deja esa rebelión. Déjala. Y simplemente abraza al evangelio que Jesucristo, el Hijo de Dios, el Justo, murió por tus pecados. Él se levantó el tercer día, triunfante sobre sus enemigos. Él reina hasta poner a todos sus enemigos bajo su pie. El perdón de los pecados y el derecho de pararse con Dios viene libremente a través de él solamente, solo por fe.
Pido contigo, no trates de ser fuerte en tu propia fuerza; ésta no estará contigo cuando la necesites. Solo una fuerza lo estará—la fuerza que Dios brinda de acuerdo al evangelio.
No lo alejes.
Eso es el evangelio—perfectamente a tiempo, perfectamente aplicado, perfectamente adaptado a mis necesidades. Por eso la Biblia está tan gruesa—porque son muchas las diferentes necesidades que tienes. Y hay lugares adecuados donde el evangelio se despliega para ti, así que si profundizas en el libro completo, siempre con un ojo en lo que Cristo ha forjado para ti y compró para ti en esta gruesa, gloriosa historia de la interacción de Dios con las personas, él te dará lo que necesitas.
Por lo tanto, todo mi ser dice y espero decir hasta el día de mi muerte, "Ahora, para él que es capaz de fortalecerme, de acuerdo con el evangelio de Pablo, para él—para ese Dios—sea la gloria por siempre".
Dios entró en la historia en Jesucristo; él murió para destruir la fuerza del infierno, de la muerte, Satán y el pecado; y lo hizo por medio del evangelio de Jesucristo.
Una Petición para Creer
Yo sé que hay personas que están leyendo esto que no confían en Jesucristo y por lo tanto solo pueden esperar condena. Así que solo pediré contigo aquí al final, deja esa rebelión. Déjala. Y simplemente abraza al evangelio que Jesucristo, el Hijo de Dios, el Justo, murió por tus pecados. Él se levantó el tercer día, triunfante sobre sus enemigos. Él reina hasta poner a todos sus enemigos bajo su pie. El perdón de los pecados y el derecho de pararse con Dios viene libremente a través de él solamente, solo por fe.
Pido contigo, no trates de ser fuerte en tu propia fuerza; ésta no estará contigo cuando la necesites. Solo una fuerza lo estará—la fuerza que Dios brinda de acuerdo al evangelio.
No lo alejes.
LIBERTAD RADICAL
por
Dr. Esteban Brown
Esteban Brown es un tipo más simpático que yo. Su encanto e ingenio sobrepasan el mío y siento una "sana" envidia. Sin embargo, sí le gano en una cosita: no tengo el vicio de fumar pipa. Esteban me perdonaríá esta pisca de fariseísmo, si lo supiera, junto con un comentario encantador e ingenioso.
Me parecía una idea maravilloso concluir mi libro con un capítulo sobre la liberación del legalismo inherente en la Justificación. Estuve a punto de escribir dicho capítulo, cuando descubrí que el Dr. Steve Brown ya lo había hecho y de mejor manera. El folleto de Steve Brown, Libertad Radical es un extracto de su obra Libertad Escandalosa, de lectura obligatoria para el cristiano que desea profundizar en el entendimiento de cuán libres verdaderamente somos. Estos extractos han sido traducidos e impresos aquí con permiso de Howard Publishing, Co.
-R. Smalling]
Nos robaron la libertad. ¿Cómo recuperarla?
El tema es la libertad y por qué no somos libres. Has escuchado que Cristo te libertó. Tal vez ha comunicado a otros que eres libre. Y tal vez también hayas empleado el concepto de libertad al testificar a los que aún no conocen a Cristo. Sin embargo, me temo que a veces definimos la libertad como algo que nos restringe y ata más de lo que nos libera.
Cuando Jesús empleó la palabra libre (como en la verdad os hará libres) lo hizo en términos de liberación de ataduras. Es decir que, en griego la palabra libre significa libre. (Incidentalmente, en el hebreo, la palabra también tiene el significado de “libre.“) El diccionario define libre como “exención o liberación del control de otra persona o de un poder arbitrario.“
Así de simple debería ser. Si Jesús dijo que somos libres, debemos aceptar literalmente su declaración y atenernos a ella. Pero hay algo en la libertad que nos llena de temor y, como resultado, continuamos atados, siendo ésta la mayor tragedia. Es una tragedia porque Cristo padeció tanto para liberarnos. Es una tragedia, porque ser cristiano va mucho más allá del obedecer ciertas reglas, seguir ritos religiosos o ser una supuesta “buena persona.” Y es una tragedia, porque nuestra herencia es la libertad. Pero la hemos vendido por un plato de lentejas.
Muchos decimos, “Como cristianos, es obvio que somos libres, pero esto no significa que seamos libres para hacer lo que nos plazca.” Pero si no somos libres para hacer lo que nos plazca, entonces no somos realmente libres. Más tarde voy a tratar de algunas cosas que tienen que ver con lo que queremos, pero ahora quiero dar el primer golpe.
La Biblia es bastante radical; la mayoría no entendemos cuán radical puede ser. Por ejemplo, Pablo escribe, Yo sé y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo, mas para el que piensa que es inmundo, para él lo es (Romanos 14:14). Nuevamente Pablo escribe Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad (II Corintios 3:17).
Algunos revelan que no son libres con el comentario “Claro que somos libres, pero eso no significa que seamos libres para pecar. Lo que significa es que somos libres para no pecar.”
Tal cosa suena tan espiritual y creo que debe haber algo de eso. En efecto, yo tengo la libertad de hacer ciertas cosas realmente buenas que no podría haberlas hecho antes. Amo más que antes, soy más amable que antes y peco menos que antes. En cierto sentido, hacer el mal trae horribles ataduras, mientras que ser libre para vivir como a Dios le agrada, trae libertad genuina.
Si esa libertad no nos diera la libertad para no obedecer, entonces no sería verdadera libertad. Recuerda, Pablo lo dijo Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne (Gálatas 5:13). No quería que lo hicieran, pero hubieran podido hacerlo. ¿Por qué? Porque eran libres.
Un cristiano tiene una ventaja sobre los que no lo son. No solo que sabemos la verdad acerca de lo que Dios quiere que hagamos, sino que Dios provee el poder para hacerlo. Si no tenemos la libertad de no hacer lo que El desea, entonces hemos redefinido la palabra libertad.
Hay veces en que anulamos la libertad diciendo: “Hay que cuidarnos en esto de la libertad. La gente se aprovechará de ella.“
Mi respuesta a quienes dicen eso, sería “¿A qué se refiere eso de aprovecharse de la libertad, siendo libres? ¿Están locos? Eso no es libertad, sino otro tipo de esclavitud.”
Otras veces, damos libertad con una mano y la quitamos con la otra. Nos gusta decir a los creyentes que ya son libres, pero que si utilizan esa libertad, pueden dañar su testimonio.
Tengo que preguntar algo: ¿Conocen a un solo pagano que haya permanecido lejos de Cristo porque un cristiano no actuó tan santo o santificado como debería haber actuado? Lo que sí dicen es que somos unos hipócritas- pero casi siempre esto es una cortina de humo-. En realidad, lo que repetidamente mata nuestro testimonio es cuando pretendemos ser algo que no somos, no la libertad.
Me sostengo firmemente en lo que la Biblia dice acerca de la libertad, y aunque tal vez ofenda a alguien, no puedo cambiar lo que la Biblia dice, sin manchar la página. Por lo tanto, basados en lo que enseña la Biblia, permítanme manifestar un enunciado radical:
Ustedes son real, verdadera y completamente libres. Sin peros ni excepciones. Son libres. Pueden hacer lo correcto o lo incorrecto. Pueden obedecer o desobedecer. Pueden correr hacia Cristo o correrse de Cristo. Pueden decidir ser cristianos fieles o infieles. Pueden llorar, maldecir, escupir o reír, cantar y bailar. Pueden leer una novela o la Biblia, orar o ver la tele. Son libres; realmente libres.
Algo atractivo acerca del amor
Si no te sientes atraído por un Dios que te ama sin condición alguna, algo anda mal en ti. Pues hay algo muy atractivo en el amor. Es atractivo al mismo grado al cual soy amado. No solo que me siento atraído a alguien que me ama, sino que también siento que quiero complacer a ese alguien.
Eso es lo que la bondad de Dios ha producido en mí. En mi corazón ha nacido un gran deseo de complacer a Aquél que me ama, sabiendo que si no lo complazco, o ni siquiera siento el deseo de complacerlo, todavía me amará.
Cuidado de los que roban la libertad
Deseo pasar a hablar acerca de aquellos que te robarían tu libertad. Por supuesto que Satanás es uno de ellos, pero en esta área, él trabaja más a través de otros cristianos.
Es importante recordar que me refiero a mi propia familia cristiana, la iglesia. He robado a otros cristianos su herencia de libertad, tantas ocasiones, que me avergüenza.
Los nuevos cristianos que ingresan a nuestra familia, están emocionados acerca de su recién descubierta libertad y gozo. Entonces, les decimos a estos nuevos hermanos que, aunque Jesús les ha dado algo maravilloso, necesitan saber algunas cuestiones. Y ese es nuestro caballo de batalla para siempre. Cuando los nuevos cristianos tratan de salirse de la carga de reglas, regulaciones y justicia, los obligamos a continuar llevando las cargas.
Esto enojaba a Jesús. El se refería así a ellos: Porque atan sus cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres. (Mateo 23: 4,15)
Todos hemos jugado este papel de ladrones de libertad y por lo tanto, ninguno de nosotros puede juzgar a nadie. De hecho, creo que mostramos nuestra depravación menos por las malas cosas que hacemos, que por nuestro regreso al fariseísmo. Lo peor no es nuestro pecado (Jesús lo reparó en la cruz), sino nuestra dureza. Algo hay en la religión que nos puede volver fríos, críticos y malos. Debemos luchar contra esta tendencia, siempre.
El poder de la libertad
La libertad tiene el poder de quitar, destruir, derribar y asustar. Este es el poder que tememos.
La libertad quita la influencia
La libertad amenaza a la gente religiosa porque les resta influencia y se les vuelve difícil mantener el control. Puede ser que deseen mantener todo bajo su control por buenas razones, de todas formas, lo que buscan es controlar.
Jesús no era fuerte en esto del control. El dijo: el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Un punto de vista de la iglesia (con el que aún lucho) sostiene que los cristianos tienden a desmandarse y que si no se hace algo para mantener el control, se perderá el control.
A veces pensamos que lo único que hace que un cristiano avance, es un poco de temor y culpa. Por supuesto que Cristo ha perdonado sus pecados, pero ¡cómo se los vamos a decir! Tememos que van a aprovechar demasiado de esa libertad.
La libertad quita el poder de control sobre la gente
La libertad también amenaza a la gente religiosa porque les quita poder.
- Pero necesitamos autoridad-, puede ser nuestra objeción.- Sin autoridad legítima, disciplina y una adecuada cadena de control, surge el caos y todo por cuanto Cristo murió, se destroza a nuestros pies.
A Jesús no le agradó para nada este panorama. Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad“ dijo“ Mas entre vosotros no será así. (Mateo 20: 25-26)
La libertad va contra la vanidad
La libertad aterroriza a los religiosos porque el ego crece mucho cuando se es recto y “justo“. Si no fuéramos correctos y buenos, ¿en qué nos diferenciaríamos de los otros cristianos que siempre cometen errores?
Creerse justo es una de las cosas más adictivas del mundo. Está en todas partes. Lo hallarán dondequiera. Pero NO debería existir en la iglesia, donde se supone que los malos encuentran amor.
La libertad derriba murallas.
La idea de libertad disgusta a muchos cristianos quienes piensan que deberíamos mantener una clara demarcación entre “los otros“ y nosotros. Con ese fin, debemos ser disciplinados en nuestra conducta. Después de todo ¿qué pasaría si no se puede ver la diferencia entre los malos y los buenos? Si no dejamos de hablar de todo este tema de la libertad, nos confundiremos entre la muchedumbre y perderemos nuestro testimonio.
Tal vez así sea. Pero tal vez no.
Jesús decía que las semillas de mostaza y la levadura generalmente no son tomadas en cuenta y además que, al final, Dios se encargará de separarlas ( Mateo 13:24-33,47-51).
Algunos de los que tenemos las cosas bajo control, redefiniríamos la libertad por ciertas buenas razones, pero creo que más lo haríamos por otros motivos. Si permitimos que los seguidores vivan libres, arriesgamos mucho. Pienso, sin embargo, que lo que más se pone en riesgo son nuestros deseos de poder y control.
La libertad nos atemoriza:
Nos atemoriza la libertad porque no tenemos confianza en nosotros mismos. Nos parece cómodo dejar que otros decidan por nosotros. Si fuéramos libres, podríamos equivocarnos, y no queremos eso.
Además, vivir prisionero en una celda puede ser realmente cómodo. Tal vez no sea agradable en un inicio, pero uno se acostumbra a la oscuridad. Puede ser que la luz del sol nos dañe los ojos.
De cualquier manera, sigue adelante. Sé libre de la manera que Jesús desea que seas. Encontrarás realmente el gozo.
La búsqueda de la perfección y el perdón liberador
¿Sientes que eres una mejor persona que antes? Dicho de otra manera, ¿todo lo aprendido acerca de la obediencia, santidad y santificación , está funcionando en tu vida? Sé que al principio de tu camino con Cristo, hubo grandes cambios positivos, pero después del primer momento, ¿ha habido muchos más?
La mayor razón de no mejorar es nuestra obsesión de que no mejoramos.
Existe una mejor manera de mejorar que únicamente tratar de hacerlo. La santificación se hace una realidad en aquellos creyentes que no se obsesionan con su propia santificación. Es muy raro que la santidad se haga realidad cuando enfocamos más en ella, que en la persona de Jesús.
Debo confesar algo: Ya me he dado cuenta que no puedo mejorar mas y me he cansado de seguir intentándolo. Sé que nos han enseñado que, como cristianos, debemos mejorar día tras día, en todas las áreas de la vida. Pero ya he tratado de mejorar por mucho tiempo y simplemente no funciona.
Por un tiempo, pensaba que si dejaba de fumar la pipa, sería perfecto. Pero, enseguida, Dios me mostró otras áreas deficientes. Desde entonces, he tratado de enfocar en ellas y luego de tanto esfuerzo, sigue sin funcionar.
Ya cuando supe que no iba a mejorar mucho más, pensé que entraría en depresión. Todos me decían que debía mejorar. Algunos incluso me dijeron que llegaría a un punto en mi vida, en que no tendría pecado conocido.
Permítanme comentarles lo que llegué a descubrir cuando me di plenamente cuenta de que no llegaría a la perfección: que Dios me ama de todas maneras.
Aunque sí me ha decepcionado el hecho de que no llegaré a ser mucho mejor de lo que soy, ahora es más llevadero vivir conmigo. Incluso tengo más amigos que antes. No podía juntarme a ciertas personas, cuando estaba en el proceso de supuesta mejoría. Ustedes saben∑ las malas compañías arruinan los buenos comportamientos. Además, mientras yo vivía fingiendo, no podía permitir demasiada cercanía a nadie. Podrían descubrir la verdad sobre mi y yo estaba justamente tratando de ocultarla.
Tal vez yo les haya hecho pensar que no me importa la ley de Dios, en lo que se refiere al plan de Dios para mi vida y también en cuanto a mi propia santificación. Pero no me malinterpreten. Tengo sorprendente información que les quiero compartir.
Antinomia es un término (acuñado por Martín Lutero) que significa literalmente “opuesto a la ley.” El Antonomianismo sostiene que la voluntad de Dios en nuestra vida, tal como la expresa la Biblia, es irrelevante y ya no constituye parte del llamado de Dios en la vida del creyente.
Pablo trató sobre el asunto del antinomianismo, al escribir, ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera... (Romanos 6: 1-2-15). Así como el perfeccionismo inhibe considerablemente nuestra libertad, igual sucede con el antinomianismo.
El salmista alaba a Dios por revelarnos Su voluntad (salmos 119:97-98, 151-152). Pablo escribe que la ley de Dios es nuestro ayo antes de que viniéramos a Cristo (Gálatas 3:24) y continúa en el mismo papel por toda nuestra vida. Cualquier sugerencia de que a Dios ya no le concierne nuestra obediencia, es pura tontería.
Que yo pueda o no ser obediente, o ser mejor de lo que soy- es irrelevante ante la forma en que Dios ve lo correcto e incorrecto, el bien y el mal, lo moral y lo inmoral. Los puntos de vista de Dios no son meras opiniones, sino revelaciones acerca de lo que está correcto o incorrecto, de lo que es bueno o malo, moral o inmoral. Aunque no nos agrade tanto, no tenemos voto ante esto, y si lo pensamos bien, no tenemos opción a ningún voto en cuanto a esto.
Permítanme darles un principio: Si Dios no existiera, no existirían tampoco los valores, y de ser así, no habría ningún significado de la vida, seríamos como un nabo que nace, crece y muere, retornando al suelo del cual salió.
Puede que yo no sea una buena persona, pero sé que la bondad en sí es algo positivo para mí y para la sociedad en la que vivo. Puede que yo no sepa amar, pero sé que amar es mejor que odiar. Puede que yo no sea siempre honesto, pero sé que la honestidad es algo bueno y mejor que la deshonestidad.
Ciertos estándares son realmente absolutos. Todos sabemos que el amor es mejor que el odio, la honestidad mejor que la deshonestidad y la fidelidad mejor que la infidelidad.
Vamos al punto: cuando decimos que no nos volveremos muchísimo mejores, no queremos decir que volverse mejor no sea lo bueno. Más bien, al revés. Queremos ser mejores personas porque sabemos que eso es lo mejor.
Dios no es un aguafiestas. El no trata de descubrir aquello que nos gusta, para luego decirnos que es algo incorrecto y que, si no nos corregimos, nos castigará. Tal vez hayas escuchado a algunos que definen el pecado como algo que nos gusta hacer y, que si no nos gusta, no es pecado.
Nada más lejos de la verdad. Las leyes de Dios son un regalo a nosotros. Reflejan la forma cómo funciona el mundo. Si quieres conocer la mejor forma de vivir, sigue las instrucciones de Dios. Si quieres ser razonablemente feliz, vive de acuerdo con las instrucciones que Dios nos da. Si quieres ser razonablemente sano y sabio, sigue lo que Dios dice.
Tal vez tengas algunas preguntas, como “Si ser mejor es algo bueno ¿no sería bueno seguir intentándolo? ¿Acaso no es mejor tener una meta aunque no se la logre, que no tener meta alguna? Si tengo la meta de mejorar o de ser perfecto ¿no estaría más cerca de la perfección que si no tuviera ninguna meta?”
Buenas preguntas
En realidad, existe la idea de que nuestra búsqueda de perfección es un indicador de algo bueno. Por un lado, si no te cuidas, esta búsqueda te restará libertad, por otro lado, es algo bueno.
Cuando mencioné que no pensaba que yo llegaría a ser algo mejor, la principal palabra es “yo“, mas no “algo mejor.“ Cuando dije que ya yo iba a dejar de intentar mejorarme, estaba hablando de mis propios esfuerzos en ser mejor. Cuando ya los renuncié, pienso que finalmente comprendí el problema de Pablo cuando dijo que quería hacer lo bueno, pero que cuando lo intentaba, el resultado era que hacía justamente lo que no quería hacer (Romanos 7). Cuando me di por vencido, estaba renunciando a mí mismo y a mi obsesión.
El enfoque de mi enseñanza es la gracia. Mantengo este enfoque porque desesperadamente necesito la gracia. No creo haber nunca conocido a ningún cristiano o cristiana que no quisiera ser mejor de lo que es. Lo que pasa es que seguían el método incorrecto, tratando muy fuerte de ser mejores.
A pesar de lo dicho, tratar de ser perfecto ha sido algo bueno para mí. Al principio, me quitó libertad, pero después me la devolvió. Y ¿sabes por qué? Porque si no hubiera hecho el intento de mejorarme, no sabría que es imposible.
Si tú nunca has deseado ser mejor, esto es un indicador de que falta algo en tu corazón. Yo entiendo que el Espíritu Santo pone el deseo y, la presencia de tal deseo es un signo del Espíritu. Jesús dijo Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador. (Juan 14: 15-18)
El mismo hecho de que quieras ser mejor -incluso perfecto- es un signo de que perteneces a Cristo. Una de las mejores maneras de tener la seguridad de la salvación no es tanto examinar lo que haces, cuanto mirar cuidadosamente lo que deseas hacer.
El deseo de perfección indica la presencia dentro de nosotros de Algo o Alguien que nos pone ese deseo. Ese alguien es el Espíritu Santo que nos hace llegar al punto de simplemente renunciar a aquello que no podemos lograr de ninguna manera.
La creación de un monstruo
El deseo de ser mejores, sin embargo, puede ser algo diferente: un “monstruo“ que nos roba la libertad. La parte negativa del deseo de ser mejores es el perfeccionismo.
El perfeccionismo es la creencia de que uno puede llegar a ser perfecto -o al menos, mejor que todo el resto-. El perfeccionismo hace a las personas amargadas, malas y criticonas, a más de robarles la libertad por la que Cristo murió en la cruz. No solo que te robará la libertad, sino que te hará un perfecto aburrido.
Cuidado del ladrón de libertad
No es nada prudente seguir intentando hacer algo que no se puede y nunca se podrá. Entonces, considera pues la primera plaga del perfeccionismo: El perfeccionismo roba la libertad.
Por eso, yo renuncié a mis propios esfuerzos. Cuando Pablo honestamente confesó su imposibilidad de hacer el bien que quiere, dio el primer paso hacia la salud. Con pasmosa honradez, Pablo escribe: Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago (Romanos 7:15,19).
¿Has llegado a ese punto? Si todavía intentas llegar a ser perfecto - a pesar de la copiosa evidencia de que nunca se puede lograrlo- estás haciendo algo muy tonto y destructivo con respecto a la libertad.
Cuidado de la maldición de fingir
Ciertas formas de fingimiento pueden matar. Esa es la segunda verdad acerca del perfeccionismo, que debes saber. Lo pondré de esta manera: Restas grandemente tu libertad al pretender ante otros que estás llegando a la perfección.
Antes de renunciar, yo pasaba la mitad de mi tiempo tratando de hacer algo que no era posible, y la otra mitad tratando de convencer a otros que lo estaba logrando. Esto se llama hipocresía, es muy humano y muy dañino a la salud mental como a la libertad. Por eso renuncié.
¿Tienes alguna duda? Todos la tenemos.
¿Tienes algún secreto que si lo supieran tus amigos, tendrías tanta vergüenza que podrías llegar al suicidio? Bienvenido al club.
¿Tienes recelo en perdonar a la gente por la forma en que te han menospreciado? Te sorprenderías si supieras que gran cantidad de cristianos tienen problemas con eso mismo.
¿Te enojas a veces sin razón y dices cosas de las que te avergüenzas después? A veces yo me enojo tanto que si escupo en el césped, éste se marchita.
¿Te has esforzado mucho en ser bueno, amable y cariñoso, solo para sacar la conclusión de que no te es posible? Yo lo comprendo.
¿Piensas a veces, que si la gente te conociera realmente, les desagradarías e incluso pensarían que no eres cristiano? ¿Tú también?
Ahora, ¿no te sientes mejor? Ya sé, ya sé. También te sientes culpable. Aquí es cuando llegamos al tercer punto acerca del perfeccionismo, el cual afecta tu libertad.
Realmente ¿quién mejora?
Permítanme compartirles un principio bíblico primordial, que es la única razón por la cual he renunciado a tratar de mejorarme: La única gente que mejora es aquella que sabe que aunque nunca mejoren, Dios igual les ama. El corolario de este principio es éste: No solo que Dios te seguirá amando aun si no mejoras; El te enseñará que mejorar no es el punto importante. El asunto es Su Amor.
Debido a ese amor, bondad y presencia de Dios es que te hallarás mejorando.
Nuestra sincera creencia de que podemos ser muchísimo mejores de lo que somos, es una de las mayores razones por las que nos quedamos atados. Se nos ha quitado libertad porque pensamos que no podríamos ser libres sin ser perfectos.
La culpa existe para cumplir solamente con un propósito: llevarnos al trono de la gracia, donde dejamos que Dios, si él juzga apropiado, nos haga mejores. Cuando permitimos que la culpa cumpla cualquier otro propósito diferente a éste, nos volvemos perfeccionistas: miserables, deshonestos, culpables, temerosos y solitarios.
Miserables por la imposibilidad del intento. Deshonestos porque no hay manera que seamos tan perfectos como queremos que otros piensen que somos. Culpables porque tenemos esta falsa creencia que Dios espera el perfeccionismo en nosotros, aparte de la justicia de Cristo dada a nosotros. Temerosos porque no queremos que otros sepan lo malos que somos. Y solitarios porque los perfeccionistas son inaguantables.
La verdad del asunto es: soy mejor porque estoy cerca de El. Pero mientras más cerca estoy, menos siento estar mejorando. Puede sonar a locura, pero es así. Si supiera que estoy mejorando, me sentiría auto-suficiente y, antes de pensarlo, quisiera ayudar un poquito a Dios y luego me ofrecería a ayudar a los demás a que mejoren de la misma manera que yo lo hice.
Pero en realidad, mejorar a otros es obra de Dios, no la mía.
Dios ha querido ser mi amigo, no para mejorarme, sino porque quería ser mi amigo. En vez de obsesionarme con mi bondad, Dios me pide que me quede cerca de él y vea a dónde me guía. Su promesa es que nunca me dejará ni abandonará. Entonces puedo dejar de preocuparme de quedarme atrás en cuanto a mi santidad y santificación. Mientras más me preocupo de esto, peor me vuelvo y , al contrario, mientras más me atengo a Dios, mejor me vuelvo, aunque no me dé plena cuenta de esto.
En Filipenses 1:6, Pablo dice que lo que Dios inicia, lo completa. Esto significa que lo comenzado por Dios en nuestra vida continuará hasta finalizar. Y esta es una razón para celebrar.
El Evangelio que olvidamos y el gozo que nos libera
Permítanme decirles algo que tal vez les sorprenda. Odio la religión. ¡Simplemente la odio! La religión es -probabemente- una necesidad y es una realidad existente. Las religiones y la gente religiosa, como mala hierba están en todo lado, y no nos podemos deshacer de ellas. Hay algo innato en el ser humano que parece requerir una expresión religiosa y, todas las expresiones, de alguna manera, llegan a institucionalizarse. La institución religiosa puede volverse como una dictadora que demanda tomar tu alma poniéndola en una cárcel de culpa y vergüenza. Y solo Dios puede demandar por tu alma.
Aquí debo andarme con cuidado. Cualquier cosa que diga debe ser vista en el contexto de mi amor por la iglesia. Casi toda mi vida he ejercido la profesión eclesiástica. Me alegra mucho ser parte de la iglesia visible de Cristo, pero a veces la iglesia parece más una prisión que una puerta hacia la libertad.
La religión puede volver mala a la gente, furiosa, tenebrosa, criticona y neurótica. La religión también puede abusar de los cristianos. He visto a tanta gente herida por la religión, que pienso a veces que es mejor ser pagano.
Lo peor de la religión es que puede mantenerte lejos de Dios. Puede llegar a sustituir, malamente, a la relación misma con Dios. Hay algo en el cristianismo institucional (aunque sea necesario) que puede matar tu libertad, si no tienes cuidado.
¿Has visto cómo llegan a ser legalistas a los nuevos cristianos? Todo inicia con un descubrimiento genuino de que Dios existe, que Dios es amor y que les ha perdonado y aceptado. Me parece tan refrescante cuando los nuevos cristianos descubren las palabras de Pablo en II de Corintios 5:19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados y en I Timoteo 1:15 Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Esto es, hasta que la religión los pesca.
Luego, los nuevos cristianos escuchan de “otras cosas adicionales“ que necesitan saber. Deben, por ejemplo, saber quién está en lo correcto y quién no. Deben saber cuál es la versión “correcta“ de la Biblia, el comportamiento “correcto“ de un cristiano y la “correcta“ postura ideológica en varios temas políticos. Luego, como nuevos cristianos, son discipulados y aprenden acerca de la manera “correcta“ y “cristiana“ de criar una familia, conducir un negocio, y disciplinar la vida propia para ganar al mundo para Cristo.
Le hemos despojado al nuevo cristiano del gozo y la libertad y le hemos cargado con alforjas llenas de legalismo, reglas y religión, cabalgando en sus lomos hasta que quedan casi exánimes.
Los maestros cristianos parece que siempre nos señalan la decepción de Jesús por nuestra falta de compromiso, nuestra teología superficial, y nuestro acomodo a la cultura imperante. Supongo que varias de estas acusaciones son verdad.
Lo interesante de la ira de Jesús, sin embargo, es que él casi nunca se dirigía a la “mala” gente, es decir a aquellos que no eran comprometidos o que no tuvieran una correcta y piadosa forma de ver las cosas. Mateo y Lucas le llamaron amigo de “cobradores de impuestos y pecadores”. De hecho, nos dicen que Jesús se juntaba con el peor tipo de gente tan frecuentemente que, algunos observadores comenzaron a llamarle comilón y bebedor de vino“ (Mateo 11:19; Lucas 7:34). Jesús se guardaba sus críticas más ásperas para la gente religiosa que atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres (Mateo 23:4).
Pero, aquí les traigo buenas noticias. Hay que mirar la descripción que Jesús hace del ministerio que vino a cumplir, en Lucas 4:18-19. La encarnación de Dios en Cristo es la mejor noticia que el mundo haya jamás recibido. Ataca la falsedad y el fingimiento de las ideas religiosas y espurias. Presenta el mensaje claro y simple que de Dios NO es lo que la gente religiosa cree que es. Y ofrece libertad a la gente y con ella también sanidad, sentido, inmortalidad y perdón.
¿Qué es lo que ha sucedido? ¿Cómo es que tomamos un mensaje tan excelente, tan emocionante y tan librador para transformarlo en una religión de gente que parece que se han tragado algo amargo y quieren recetar lo mismo a todo el resto del mundo?
¿Por qué nos hemos vuelto tan religiosos? ¿De dónde salen estas capas y capas de reglas y regulaciones?
¿Cómo es que los pecadores que recibieron perdón repetidamente, se han transformado en jueces?
Creo que la intención de Dios era algo diferente. El quiere que seamos libres. Y para que así fuera, pagó el precio completo para liberarnos. Hablemos de esto.
¿Un baile o una marcha?
Las buenas nuevas son que Cristo nos libera de la necesidad de odiosamente enfocarnos en nuestra bondad, compromiso y corrección. La religión nos ha vuelto obsesivos más allá de lo tolerable. Jesús nos invitó a una fiesta y nosotros hemos creído que es una marcha militar en la que los soldados siempre están observándose entre sí, a ver si no pierden el paso. Pero, la idea original no fue que marcháramos.
¿Nuevo o agradable?
Debo reiterar mi amor por la iglesia. Como lo dijo San Agustín, ella es mi madre y me ha hecho mucho bien. Y no soy un intruso.
Algunos han descrito los servicios de la iglesia en el Cristianismo norteamericano, como un hombre agradable y simpático frente a grupos de gente agradable, diciéndoles que Dios los llama a ser más agradables y simpáticos. Pero, si la fe cristiana se trata de ser más agradable, se vuelve moralismo y, en ese caso, el budismo podría ser más beneficioso que el Cristianismo.
Cuando se mide la veracidad de la fe cristiana de la misma forma en que se mide la efectividad de un jabón -si limpia o no- el tipo de religión (o jabón) que se usa no importa, mientras que nos deje más limpios que antes.
Cuando nos volvemos moralistas, nos perdemos la buena noticia de que nuestra propia justicia no es el punto. xxxObviamente no hay nada malo en ser justo, pero cuando el serlo define al “cristianismo verdadero,” lo que hacemos es cambiar una historia de amor grandiosa en una metodología de socialización. Dicho de otro modo, nos convencemos de que el único propósito de la religión es volver buena a la gente.
Por supuesto que no estoy diciendo que no importa cuál creencia adoptemos o cómo actuemos. Lo que digo es que si el propósito del Cristianismo es producir “simpatía,” debe haber otras formas mejores de lograrla fuera de nuestra fe.
En el capítulo 4 de Romanos, Pablo dice que a Abraham le fue contado por justicia. En otras palabras, Abraham creyó a Dios y, debido a esa simple fe en Dios, la justicia y bondad de Dios se colocó en la cuenta de Abraham.
Luego, Pablo hace una asombrosa declaración en Romanos 4:22-25. Nuestro pecado no es tanto el problema, cuanto nuestra dureza. Jesús llevó nuestro pecado en la cruz (justificación). Y no solo que lo llevó, sino que nos dio el gran y maravilloso regalo de su propia justicia (Imputación). Lo cual significa que todo mi pecado ha sido perdonado. Mi verdadera definición no tiene nada que ver con mi pecado. Soy “justo“ delante de Dios, porque El me ha dado su justicia.
¿Se trata de una gracia barata?
No sé por qué cada vez que alguien empieza a hablar del evangelio, algún detractor grita “!Gracia barata! ¡Gracia barata!” Atención, si no fuera barata, ni tú ni yo podríamos costearla.xxx Si nos costara algún precio ^ compromiso, obediencia, religiosidad o cualquier otra cosa- quedaría en la repisa de la tienda.
Dios nos otorga su gracia por causa de la cruz de Cristo. Es un regalo que nos ha dado con tarjeta y cuyo mensaje está escrito con la sangre del mismo Hijo de Dios. Es un regalo que nos hace justos ^ y no costó barato-. Efectivamente, debe ser “barato” para nosotros pues, de otra manera, nunca lo podríamos costear.
¡Ponte a vivir!
Si de verdad crees que has sido perdonado y aceptado y que Dios te amó sin ninguna condición ni reserva, ¿cómo deberías actuar? ¿Cómo vivirías? ¿Cómo cambiaría tu religión?
Déjame decirte la primera cosa que sucedería. Dejarías de obsesionarte contigo mismo y podrías incluso llegar a tener una verdadera vida.
La gente que llega a comprender las buenas nuevas de Cristo, casi no piensa en cómo pueden ser mejores y más puros. Es más, casi ni siquiera piensan en sí mismos.
Creo que desde un punto de vista existencial, uno de los mayores pecados que los cristianos pueden cometer es un constante enfoque en su propio pecado. Es la práctica más jactanciosa y arrogante que cualquier otra cosa que hagamos. En vez de esto, nos ayudaría enfocarnos en el Dios del Amor y la Gracia.
Dejemos de corregirnos unos a otros: Lo que puede suceder en segundo lugar es que dejarías de preocuparte de los pecados de los demás.
Ya conoces el pasaje. Poniéndolo en las palabras de Jesús: No juzguéis, para que no seáis juzgados (Mateo 7: 1-4).
Gran parte del compañerismo cristiano, estudios bíblicos y otros grupos de la iglesia, lo que hacen es tratar de corregir unos a otros, casi al punto de una histeria masiva.
Razón tienen los paganos de mantenerse alejados de nosotros.
Un cambio de definiciones:
Creo que la tercera cosa que sucedería sería que dejaríamos de definirnos en términos de cuán buenos seamos.
Una de las cosas más sorprendentes, radicales y asombrosas que Jesús haya hecho se describe en el capítulo siete de Lucas. Jesús asistía a una fiesta de gente religiosa y una prostituta irrumpió en el lugar. Jesús la trató con gran respeto y amor. Jesús señaló cuánto lo amaba esta mujer y dijo lo siguiente a los religiosos de la fiesta: Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho, mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama (Lucas 7:47).
Dicho de otra manera, Jesús dijo que ¡ la persona más piadosa de la fiesta era la prostituta! Eso no cuadra con muchas de las cosas que siempre hemos creído sobre el pecado y la piedad.
Si Jesús volviera a encarnarse en nuestro tiempo, todos tendríamos nuestras preguntas. Xxx No sé qué pienses tú, pero una de las preguntas a la cabeza de mi lista sería, “Jesús, ¿quién es la persona más justa en vida?”
“No te lo voy a decir” creo que Jesús me contestaría “porque ni siquiera reconocerías su nombre.”
Cierta vez, Jesús hablando de los escribas y fariseos, dijo a sus discípulos: Porque os digo que si vuestra justicia no fuese mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis al reino de los cielos (Mateo 5:20).
Cuando lo leí por primera vez, me molestó mucho. Es que, al investigar, descubrí que los escribas y fariseos eran en verdad, los individuos religiosos más obedientes y dedicados de la cultura judía del primer siglo. Además, los fariseos seguían la teología correcta en casi todas sus creencias y enseñanzas. Si quisiéramos encontrar su equivalente moderno, nos referiríamos a los cristianos más ortodoxos y fundamentalistas de todos.
Entonces pensé: “Si ellos no son tan justos como deberían y si Jesús espera que yo sea mejor que ellos, estoy en gravísimo problema. Yo que no puedo pasar un solo día sin hacer algo imposible de arreglar. ¿Cómo podría llegar a ser más justo que ellos? Me he esforzado demasiado fuertemente y simplemente no puedo lograrlo.”
Estuve a punto de dedicarme al ayuno y oración cuando me pareció escuchar la voz de Dios que me decía, entre un poco de risas y en un tono muy amable: Es mi justicia, hijo. No la tuya.
Ahora, sal a bailar- y hazlo con gusto y con libertad.
Usado con permiso de Howard Publishing Co., Diciembre, 2004
por
Dr. Esteban Brown
Esteban Brown es un tipo más simpático que yo. Su encanto e ingenio sobrepasan el mío y siento una "sana" envidia. Sin embargo, sí le gano en una cosita: no tengo el vicio de fumar pipa. Esteban me perdonaríá esta pisca de fariseísmo, si lo supiera, junto con un comentario encantador e ingenioso.
Me parecía una idea maravilloso concluir mi libro con un capítulo sobre la liberación del legalismo inherente en la Justificación. Estuve a punto de escribir dicho capítulo, cuando descubrí que el Dr. Steve Brown ya lo había hecho y de mejor manera. El folleto de Steve Brown, Libertad Radical es un extracto de su obra Libertad Escandalosa, de lectura obligatoria para el cristiano que desea profundizar en el entendimiento de cuán libres verdaderamente somos. Estos extractos han sido traducidos e impresos aquí con permiso de Howard Publishing, Co.
-R. Smalling]
Nos robaron la libertad. ¿Cómo recuperarla?
El tema es la libertad y por qué no somos libres. Has escuchado que Cristo te libertó. Tal vez ha comunicado a otros que eres libre. Y tal vez también hayas empleado el concepto de libertad al testificar a los que aún no conocen a Cristo. Sin embargo, me temo que a veces definimos la libertad como algo que nos restringe y ata más de lo que nos libera.
Cuando Jesús empleó la palabra libre (como en la verdad os hará libres) lo hizo en términos de liberación de ataduras. Es decir que, en griego la palabra libre significa libre. (Incidentalmente, en el hebreo, la palabra también tiene el significado de “libre.“) El diccionario define libre como “exención o liberación del control de otra persona o de un poder arbitrario.“
Así de simple debería ser. Si Jesús dijo que somos libres, debemos aceptar literalmente su declaración y atenernos a ella. Pero hay algo en la libertad que nos llena de temor y, como resultado, continuamos atados, siendo ésta la mayor tragedia. Es una tragedia porque Cristo padeció tanto para liberarnos. Es una tragedia, porque ser cristiano va mucho más allá del obedecer ciertas reglas, seguir ritos religiosos o ser una supuesta “buena persona.” Y es una tragedia, porque nuestra herencia es la libertad. Pero la hemos vendido por un plato de lentejas.
Muchos decimos, “Como cristianos, es obvio que somos libres, pero esto no significa que seamos libres para hacer lo que nos plazca.” Pero si no somos libres para hacer lo que nos plazca, entonces no somos realmente libres. Más tarde voy a tratar de algunas cosas que tienen que ver con lo que queremos, pero ahora quiero dar el primer golpe.
La Biblia es bastante radical; la mayoría no entendemos cuán radical puede ser. Por ejemplo, Pablo escribe, Yo sé y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo, mas para el que piensa que es inmundo, para él lo es (Romanos 14:14). Nuevamente Pablo escribe Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad (II Corintios 3:17).
Algunos revelan que no son libres con el comentario “Claro que somos libres, pero eso no significa que seamos libres para pecar. Lo que significa es que somos libres para no pecar.”
Tal cosa suena tan espiritual y creo que debe haber algo de eso. En efecto, yo tengo la libertad de hacer ciertas cosas realmente buenas que no podría haberlas hecho antes. Amo más que antes, soy más amable que antes y peco menos que antes. En cierto sentido, hacer el mal trae horribles ataduras, mientras que ser libre para vivir como a Dios le agrada, trae libertad genuina.
Si esa libertad no nos diera la libertad para no obedecer, entonces no sería verdadera libertad. Recuerda, Pablo lo dijo Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne (Gálatas 5:13). No quería que lo hicieran, pero hubieran podido hacerlo. ¿Por qué? Porque eran libres.
Un cristiano tiene una ventaja sobre los que no lo son. No solo que sabemos la verdad acerca de lo que Dios quiere que hagamos, sino que Dios provee el poder para hacerlo. Si no tenemos la libertad de no hacer lo que El desea, entonces hemos redefinido la palabra libertad.
Hay veces en que anulamos la libertad diciendo: “Hay que cuidarnos en esto de la libertad. La gente se aprovechará de ella.“
Mi respuesta a quienes dicen eso, sería “¿A qué se refiere eso de aprovecharse de la libertad, siendo libres? ¿Están locos? Eso no es libertad, sino otro tipo de esclavitud.”
Otras veces, damos libertad con una mano y la quitamos con la otra. Nos gusta decir a los creyentes que ya son libres, pero que si utilizan esa libertad, pueden dañar su testimonio.
Tengo que preguntar algo: ¿Conocen a un solo pagano que haya permanecido lejos de Cristo porque un cristiano no actuó tan santo o santificado como debería haber actuado? Lo que sí dicen es que somos unos hipócritas- pero casi siempre esto es una cortina de humo-. En realidad, lo que repetidamente mata nuestro testimonio es cuando pretendemos ser algo que no somos, no la libertad.
Me sostengo firmemente en lo que la Biblia dice acerca de la libertad, y aunque tal vez ofenda a alguien, no puedo cambiar lo que la Biblia dice, sin manchar la página. Por lo tanto, basados en lo que enseña la Biblia, permítanme manifestar un enunciado radical:
Ustedes son real, verdadera y completamente libres. Sin peros ni excepciones. Son libres. Pueden hacer lo correcto o lo incorrecto. Pueden obedecer o desobedecer. Pueden correr hacia Cristo o correrse de Cristo. Pueden decidir ser cristianos fieles o infieles. Pueden llorar, maldecir, escupir o reír, cantar y bailar. Pueden leer una novela o la Biblia, orar o ver la tele. Son libres; realmente libres.
Algo atractivo acerca del amor
Si no te sientes atraído por un Dios que te ama sin condición alguna, algo anda mal en ti. Pues hay algo muy atractivo en el amor. Es atractivo al mismo grado al cual soy amado. No solo que me siento atraído a alguien que me ama, sino que también siento que quiero complacer a ese alguien.
Eso es lo que la bondad de Dios ha producido en mí. En mi corazón ha nacido un gran deseo de complacer a Aquél que me ama, sabiendo que si no lo complazco, o ni siquiera siento el deseo de complacerlo, todavía me amará.
Cuidado de los que roban la libertad
Deseo pasar a hablar acerca de aquellos que te robarían tu libertad. Por supuesto que Satanás es uno de ellos, pero en esta área, él trabaja más a través de otros cristianos.
Es importante recordar que me refiero a mi propia familia cristiana, la iglesia. He robado a otros cristianos su herencia de libertad, tantas ocasiones, que me avergüenza.
Los nuevos cristianos que ingresan a nuestra familia, están emocionados acerca de su recién descubierta libertad y gozo. Entonces, les decimos a estos nuevos hermanos que, aunque Jesús les ha dado algo maravilloso, necesitan saber algunas cuestiones. Y ese es nuestro caballo de batalla para siempre. Cuando los nuevos cristianos tratan de salirse de la carga de reglas, regulaciones y justicia, los obligamos a continuar llevando las cargas.
Esto enojaba a Jesús. El se refería así a ellos: Porque atan sus cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres. (Mateo 23: 4,15)
Todos hemos jugado este papel de ladrones de libertad y por lo tanto, ninguno de nosotros puede juzgar a nadie. De hecho, creo que mostramos nuestra depravación menos por las malas cosas que hacemos, que por nuestro regreso al fariseísmo. Lo peor no es nuestro pecado (Jesús lo reparó en la cruz), sino nuestra dureza. Algo hay en la religión que nos puede volver fríos, críticos y malos. Debemos luchar contra esta tendencia, siempre.
El poder de la libertad
La libertad tiene el poder de quitar, destruir, derribar y asustar. Este es el poder que tememos.
La libertad quita la influencia
La libertad amenaza a la gente religiosa porque les resta influencia y se les vuelve difícil mantener el control. Puede ser que deseen mantener todo bajo su control por buenas razones, de todas formas, lo que buscan es controlar.
Jesús no era fuerte en esto del control. El dijo: el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Un punto de vista de la iglesia (con el que aún lucho) sostiene que los cristianos tienden a desmandarse y que si no se hace algo para mantener el control, se perderá el control.
A veces pensamos que lo único que hace que un cristiano avance, es un poco de temor y culpa. Por supuesto que Cristo ha perdonado sus pecados, pero ¡cómo se los vamos a decir! Tememos que van a aprovechar demasiado de esa libertad.
La libertad quita el poder de control sobre la gente
La libertad también amenaza a la gente religiosa porque les quita poder.
- Pero necesitamos autoridad-, puede ser nuestra objeción.- Sin autoridad legítima, disciplina y una adecuada cadena de control, surge el caos y todo por cuanto Cristo murió, se destroza a nuestros pies.
A Jesús no le agradó para nada este panorama. Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad“ dijo“ Mas entre vosotros no será así. (Mateo 20: 25-26)
La libertad va contra la vanidad
La libertad aterroriza a los religiosos porque el ego crece mucho cuando se es recto y “justo“. Si no fuéramos correctos y buenos, ¿en qué nos diferenciaríamos de los otros cristianos que siempre cometen errores?
Creerse justo es una de las cosas más adictivas del mundo. Está en todas partes. Lo hallarán dondequiera. Pero NO debería existir en la iglesia, donde se supone que los malos encuentran amor.
La libertad derriba murallas.
La idea de libertad disgusta a muchos cristianos quienes piensan que deberíamos mantener una clara demarcación entre “los otros“ y nosotros. Con ese fin, debemos ser disciplinados en nuestra conducta. Después de todo ¿qué pasaría si no se puede ver la diferencia entre los malos y los buenos? Si no dejamos de hablar de todo este tema de la libertad, nos confundiremos entre la muchedumbre y perderemos nuestro testimonio.
Tal vez así sea. Pero tal vez no.
Jesús decía que las semillas de mostaza y la levadura generalmente no son tomadas en cuenta y además que, al final, Dios se encargará de separarlas ( Mateo 13:24-33,47-51).
Algunos de los que tenemos las cosas bajo control, redefiniríamos la libertad por ciertas buenas razones, pero creo que más lo haríamos por otros motivos. Si permitimos que los seguidores vivan libres, arriesgamos mucho. Pienso, sin embargo, que lo que más se pone en riesgo son nuestros deseos de poder y control.
La libertad nos atemoriza:
Nos atemoriza la libertad porque no tenemos confianza en nosotros mismos. Nos parece cómodo dejar que otros decidan por nosotros. Si fuéramos libres, podríamos equivocarnos, y no queremos eso.
Además, vivir prisionero en una celda puede ser realmente cómodo. Tal vez no sea agradable en un inicio, pero uno se acostumbra a la oscuridad. Puede ser que la luz del sol nos dañe los ojos.
De cualquier manera, sigue adelante. Sé libre de la manera que Jesús desea que seas. Encontrarás realmente el gozo.
La búsqueda de la perfección y el perdón liberador
¿Sientes que eres una mejor persona que antes? Dicho de otra manera, ¿todo lo aprendido acerca de la obediencia, santidad y santificación , está funcionando en tu vida? Sé que al principio de tu camino con Cristo, hubo grandes cambios positivos, pero después del primer momento, ¿ha habido muchos más?
La mayor razón de no mejorar es nuestra obsesión de que no mejoramos.
Existe una mejor manera de mejorar que únicamente tratar de hacerlo. La santificación se hace una realidad en aquellos creyentes que no se obsesionan con su propia santificación. Es muy raro que la santidad se haga realidad cuando enfocamos más en ella, que en la persona de Jesús.
Debo confesar algo: Ya me he dado cuenta que no puedo mejorar mas y me he cansado de seguir intentándolo. Sé que nos han enseñado que, como cristianos, debemos mejorar día tras día, en todas las áreas de la vida. Pero ya he tratado de mejorar por mucho tiempo y simplemente no funciona.
Por un tiempo, pensaba que si dejaba de fumar la pipa, sería perfecto. Pero, enseguida, Dios me mostró otras áreas deficientes. Desde entonces, he tratado de enfocar en ellas y luego de tanto esfuerzo, sigue sin funcionar.
Ya cuando supe que no iba a mejorar mucho más, pensé que entraría en depresión. Todos me decían que debía mejorar. Algunos incluso me dijeron que llegaría a un punto en mi vida, en que no tendría pecado conocido.
Permítanme comentarles lo que llegué a descubrir cuando me di plenamente cuenta de que no llegaría a la perfección: que Dios me ama de todas maneras.
Aunque sí me ha decepcionado el hecho de que no llegaré a ser mucho mejor de lo que soy, ahora es más llevadero vivir conmigo. Incluso tengo más amigos que antes. No podía juntarme a ciertas personas, cuando estaba en el proceso de supuesta mejoría. Ustedes saben∑ las malas compañías arruinan los buenos comportamientos. Además, mientras yo vivía fingiendo, no podía permitir demasiada cercanía a nadie. Podrían descubrir la verdad sobre mi y yo estaba justamente tratando de ocultarla.
Tal vez yo les haya hecho pensar que no me importa la ley de Dios, en lo que se refiere al plan de Dios para mi vida y también en cuanto a mi propia santificación. Pero no me malinterpreten. Tengo sorprendente información que les quiero compartir.
Antinomia es un término (acuñado por Martín Lutero) que significa literalmente “opuesto a la ley.” El Antonomianismo sostiene que la voluntad de Dios en nuestra vida, tal como la expresa la Biblia, es irrelevante y ya no constituye parte del llamado de Dios en la vida del creyente.
Pablo trató sobre el asunto del antinomianismo, al escribir, ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera... (Romanos 6: 1-2-15). Así como el perfeccionismo inhibe considerablemente nuestra libertad, igual sucede con el antinomianismo.
El salmista alaba a Dios por revelarnos Su voluntad (salmos 119:97-98, 151-152). Pablo escribe que la ley de Dios es nuestro ayo antes de que viniéramos a Cristo (Gálatas 3:24) y continúa en el mismo papel por toda nuestra vida. Cualquier sugerencia de que a Dios ya no le concierne nuestra obediencia, es pura tontería.
Que yo pueda o no ser obediente, o ser mejor de lo que soy- es irrelevante ante la forma en que Dios ve lo correcto e incorrecto, el bien y el mal, lo moral y lo inmoral. Los puntos de vista de Dios no son meras opiniones, sino revelaciones acerca de lo que está correcto o incorrecto, de lo que es bueno o malo, moral o inmoral. Aunque no nos agrade tanto, no tenemos voto ante esto, y si lo pensamos bien, no tenemos opción a ningún voto en cuanto a esto.
Permítanme darles un principio: Si Dios no existiera, no existirían tampoco los valores, y de ser así, no habría ningún significado de la vida, seríamos como un nabo que nace, crece y muere, retornando al suelo del cual salió.
Puede que yo no sea una buena persona, pero sé que la bondad en sí es algo positivo para mí y para la sociedad en la que vivo. Puede que yo no sepa amar, pero sé que amar es mejor que odiar. Puede que yo no sea siempre honesto, pero sé que la honestidad es algo bueno y mejor que la deshonestidad.
Ciertos estándares son realmente absolutos. Todos sabemos que el amor es mejor que el odio, la honestidad mejor que la deshonestidad y la fidelidad mejor que la infidelidad.
Vamos al punto: cuando decimos que no nos volveremos muchísimo mejores, no queremos decir que volverse mejor no sea lo bueno. Más bien, al revés. Queremos ser mejores personas porque sabemos que eso es lo mejor.
Dios no es un aguafiestas. El no trata de descubrir aquello que nos gusta, para luego decirnos que es algo incorrecto y que, si no nos corregimos, nos castigará. Tal vez hayas escuchado a algunos que definen el pecado como algo que nos gusta hacer y, que si no nos gusta, no es pecado.
Nada más lejos de la verdad. Las leyes de Dios son un regalo a nosotros. Reflejan la forma cómo funciona el mundo. Si quieres conocer la mejor forma de vivir, sigue las instrucciones de Dios. Si quieres ser razonablemente feliz, vive de acuerdo con las instrucciones que Dios nos da. Si quieres ser razonablemente sano y sabio, sigue lo que Dios dice.
Tal vez tengas algunas preguntas, como “Si ser mejor es algo bueno ¿no sería bueno seguir intentándolo? ¿Acaso no es mejor tener una meta aunque no se la logre, que no tener meta alguna? Si tengo la meta de mejorar o de ser perfecto ¿no estaría más cerca de la perfección que si no tuviera ninguna meta?”
Buenas preguntas
En realidad, existe la idea de que nuestra búsqueda de perfección es un indicador de algo bueno. Por un lado, si no te cuidas, esta búsqueda te restará libertad, por otro lado, es algo bueno.
Cuando mencioné que no pensaba que yo llegaría a ser algo mejor, la principal palabra es “yo“, mas no “algo mejor.“ Cuando dije que ya yo iba a dejar de intentar mejorarme, estaba hablando de mis propios esfuerzos en ser mejor. Cuando ya los renuncié, pienso que finalmente comprendí el problema de Pablo cuando dijo que quería hacer lo bueno, pero que cuando lo intentaba, el resultado era que hacía justamente lo que no quería hacer (Romanos 7). Cuando me di por vencido, estaba renunciando a mí mismo y a mi obsesión.
El enfoque de mi enseñanza es la gracia. Mantengo este enfoque porque desesperadamente necesito la gracia. No creo haber nunca conocido a ningún cristiano o cristiana que no quisiera ser mejor de lo que es. Lo que pasa es que seguían el método incorrecto, tratando muy fuerte de ser mejores.
A pesar de lo dicho, tratar de ser perfecto ha sido algo bueno para mí. Al principio, me quitó libertad, pero después me la devolvió. Y ¿sabes por qué? Porque si no hubiera hecho el intento de mejorarme, no sabría que es imposible.
Si tú nunca has deseado ser mejor, esto es un indicador de que falta algo en tu corazón. Yo entiendo que el Espíritu Santo pone el deseo y, la presencia de tal deseo es un signo del Espíritu. Jesús dijo Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador. (Juan 14: 15-18)
El mismo hecho de que quieras ser mejor -incluso perfecto- es un signo de que perteneces a Cristo. Una de las mejores maneras de tener la seguridad de la salvación no es tanto examinar lo que haces, cuanto mirar cuidadosamente lo que deseas hacer.
El deseo de perfección indica la presencia dentro de nosotros de Algo o Alguien que nos pone ese deseo. Ese alguien es el Espíritu Santo que nos hace llegar al punto de simplemente renunciar a aquello que no podemos lograr de ninguna manera.
La creación de un monstruo
El deseo de ser mejores, sin embargo, puede ser algo diferente: un “monstruo“ que nos roba la libertad. La parte negativa del deseo de ser mejores es el perfeccionismo.
El perfeccionismo es la creencia de que uno puede llegar a ser perfecto -o al menos, mejor que todo el resto-. El perfeccionismo hace a las personas amargadas, malas y criticonas, a más de robarles la libertad por la que Cristo murió en la cruz. No solo que te robará la libertad, sino que te hará un perfecto aburrido.
Cuidado del ladrón de libertad
No es nada prudente seguir intentando hacer algo que no se puede y nunca se podrá. Entonces, considera pues la primera plaga del perfeccionismo: El perfeccionismo roba la libertad.
Por eso, yo renuncié a mis propios esfuerzos. Cuando Pablo honestamente confesó su imposibilidad de hacer el bien que quiere, dio el primer paso hacia la salud. Con pasmosa honradez, Pablo escribe: Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago (Romanos 7:15,19).
¿Has llegado a ese punto? Si todavía intentas llegar a ser perfecto - a pesar de la copiosa evidencia de que nunca se puede lograrlo- estás haciendo algo muy tonto y destructivo con respecto a la libertad.
Cuidado de la maldición de fingir
Ciertas formas de fingimiento pueden matar. Esa es la segunda verdad acerca del perfeccionismo, que debes saber. Lo pondré de esta manera: Restas grandemente tu libertad al pretender ante otros que estás llegando a la perfección.
Antes de renunciar, yo pasaba la mitad de mi tiempo tratando de hacer algo que no era posible, y la otra mitad tratando de convencer a otros que lo estaba logrando. Esto se llama hipocresía, es muy humano y muy dañino a la salud mental como a la libertad. Por eso renuncié.
¿Tienes alguna duda? Todos la tenemos.
¿Tienes algún secreto que si lo supieran tus amigos, tendrías tanta vergüenza que podrías llegar al suicidio? Bienvenido al club.
¿Tienes recelo en perdonar a la gente por la forma en que te han menospreciado? Te sorprenderías si supieras que gran cantidad de cristianos tienen problemas con eso mismo.
¿Te enojas a veces sin razón y dices cosas de las que te avergüenzas después? A veces yo me enojo tanto que si escupo en el césped, éste se marchita.
¿Te has esforzado mucho en ser bueno, amable y cariñoso, solo para sacar la conclusión de que no te es posible? Yo lo comprendo.
¿Piensas a veces, que si la gente te conociera realmente, les desagradarías e incluso pensarían que no eres cristiano? ¿Tú también?
Ahora, ¿no te sientes mejor? Ya sé, ya sé. También te sientes culpable. Aquí es cuando llegamos al tercer punto acerca del perfeccionismo, el cual afecta tu libertad.
Realmente ¿quién mejora?
Permítanme compartirles un principio bíblico primordial, que es la única razón por la cual he renunciado a tratar de mejorarme: La única gente que mejora es aquella que sabe que aunque nunca mejoren, Dios igual les ama. El corolario de este principio es éste: No solo que Dios te seguirá amando aun si no mejoras; El te enseñará que mejorar no es el punto importante. El asunto es Su Amor.
Debido a ese amor, bondad y presencia de Dios es que te hallarás mejorando.
Nuestra sincera creencia de que podemos ser muchísimo mejores de lo que somos, es una de las mayores razones por las que nos quedamos atados. Se nos ha quitado libertad porque pensamos que no podríamos ser libres sin ser perfectos.
La culpa existe para cumplir solamente con un propósito: llevarnos al trono de la gracia, donde dejamos que Dios, si él juzga apropiado, nos haga mejores. Cuando permitimos que la culpa cumpla cualquier otro propósito diferente a éste, nos volvemos perfeccionistas: miserables, deshonestos, culpables, temerosos y solitarios.
Miserables por la imposibilidad del intento. Deshonestos porque no hay manera que seamos tan perfectos como queremos que otros piensen que somos. Culpables porque tenemos esta falsa creencia que Dios espera el perfeccionismo en nosotros, aparte de la justicia de Cristo dada a nosotros. Temerosos porque no queremos que otros sepan lo malos que somos. Y solitarios porque los perfeccionistas son inaguantables.
La verdad del asunto es: soy mejor porque estoy cerca de El. Pero mientras más cerca estoy, menos siento estar mejorando. Puede sonar a locura, pero es así. Si supiera que estoy mejorando, me sentiría auto-suficiente y, antes de pensarlo, quisiera ayudar un poquito a Dios y luego me ofrecería a ayudar a los demás a que mejoren de la misma manera que yo lo hice.
Pero en realidad, mejorar a otros es obra de Dios, no la mía.
Dios ha querido ser mi amigo, no para mejorarme, sino porque quería ser mi amigo. En vez de obsesionarme con mi bondad, Dios me pide que me quede cerca de él y vea a dónde me guía. Su promesa es que nunca me dejará ni abandonará. Entonces puedo dejar de preocuparme de quedarme atrás en cuanto a mi santidad y santificación. Mientras más me preocupo de esto, peor me vuelvo y , al contrario, mientras más me atengo a Dios, mejor me vuelvo, aunque no me dé plena cuenta de esto.
En Filipenses 1:6, Pablo dice que lo que Dios inicia, lo completa. Esto significa que lo comenzado por Dios en nuestra vida continuará hasta finalizar. Y esta es una razón para celebrar.
El Evangelio que olvidamos y el gozo que nos libera
Permítanme decirles algo que tal vez les sorprenda. Odio la religión. ¡Simplemente la odio! La religión es -probabemente- una necesidad y es una realidad existente. Las religiones y la gente religiosa, como mala hierba están en todo lado, y no nos podemos deshacer de ellas. Hay algo innato en el ser humano que parece requerir una expresión religiosa y, todas las expresiones, de alguna manera, llegan a institucionalizarse. La institución religiosa puede volverse como una dictadora que demanda tomar tu alma poniéndola en una cárcel de culpa y vergüenza. Y solo Dios puede demandar por tu alma.
Aquí debo andarme con cuidado. Cualquier cosa que diga debe ser vista en el contexto de mi amor por la iglesia. Casi toda mi vida he ejercido la profesión eclesiástica. Me alegra mucho ser parte de la iglesia visible de Cristo, pero a veces la iglesia parece más una prisión que una puerta hacia la libertad.
La religión puede volver mala a la gente, furiosa, tenebrosa, criticona y neurótica. La religión también puede abusar de los cristianos. He visto a tanta gente herida por la religión, que pienso a veces que es mejor ser pagano.
Lo peor de la religión es que puede mantenerte lejos de Dios. Puede llegar a sustituir, malamente, a la relación misma con Dios. Hay algo en el cristianismo institucional (aunque sea necesario) que puede matar tu libertad, si no tienes cuidado.
¿Has visto cómo llegan a ser legalistas a los nuevos cristianos? Todo inicia con un descubrimiento genuino de que Dios existe, que Dios es amor y que les ha perdonado y aceptado. Me parece tan refrescante cuando los nuevos cristianos descubren las palabras de Pablo en II de Corintios 5:19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados y en I Timoteo 1:15 Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Esto es, hasta que la religión los pesca.
Luego, los nuevos cristianos escuchan de “otras cosas adicionales“ que necesitan saber. Deben, por ejemplo, saber quién está en lo correcto y quién no. Deben saber cuál es la versión “correcta“ de la Biblia, el comportamiento “correcto“ de un cristiano y la “correcta“ postura ideológica en varios temas políticos. Luego, como nuevos cristianos, son discipulados y aprenden acerca de la manera “correcta“ y “cristiana“ de criar una familia, conducir un negocio, y disciplinar la vida propia para ganar al mundo para Cristo.
Le hemos despojado al nuevo cristiano del gozo y la libertad y le hemos cargado con alforjas llenas de legalismo, reglas y religión, cabalgando en sus lomos hasta que quedan casi exánimes.
Los maestros cristianos parece que siempre nos señalan la decepción de Jesús por nuestra falta de compromiso, nuestra teología superficial, y nuestro acomodo a la cultura imperante. Supongo que varias de estas acusaciones son verdad.
Lo interesante de la ira de Jesús, sin embargo, es que él casi nunca se dirigía a la “mala” gente, es decir a aquellos que no eran comprometidos o que no tuvieran una correcta y piadosa forma de ver las cosas. Mateo y Lucas le llamaron amigo de “cobradores de impuestos y pecadores”. De hecho, nos dicen que Jesús se juntaba con el peor tipo de gente tan frecuentemente que, algunos observadores comenzaron a llamarle comilón y bebedor de vino“ (Mateo 11:19; Lucas 7:34). Jesús se guardaba sus críticas más ásperas para la gente religiosa que atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres (Mateo 23:4).
Pero, aquí les traigo buenas noticias. Hay que mirar la descripción que Jesús hace del ministerio que vino a cumplir, en Lucas 4:18-19. La encarnación de Dios en Cristo es la mejor noticia que el mundo haya jamás recibido. Ataca la falsedad y el fingimiento de las ideas religiosas y espurias. Presenta el mensaje claro y simple que de Dios NO es lo que la gente religiosa cree que es. Y ofrece libertad a la gente y con ella también sanidad, sentido, inmortalidad y perdón.
¿Qué es lo que ha sucedido? ¿Cómo es que tomamos un mensaje tan excelente, tan emocionante y tan librador para transformarlo en una religión de gente que parece que se han tragado algo amargo y quieren recetar lo mismo a todo el resto del mundo?
¿Por qué nos hemos vuelto tan religiosos? ¿De dónde salen estas capas y capas de reglas y regulaciones?
¿Cómo es que los pecadores que recibieron perdón repetidamente, se han transformado en jueces?
Creo que la intención de Dios era algo diferente. El quiere que seamos libres. Y para que así fuera, pagó el precio completo para liberarnos. Hablemos de esto.
¿Un baile o una marcha?
Las buenas nuevas son que Cristo nos libera de la necesidad de odiosamente enfocarnos en nuestra bondad, compromiso y corrección. La religión nos ha vuelto obsesivos más allá de lo tolerable. Jesús nos invitó a una fiesta y nosotros hemos creído que es una marcha militar en la que los soldados siempre están observándose entre sí, a ver si no pierden el paso. Pero, la idea original no fue que marcháramos.
¿Nuevo o agradable?
Debo reiterar mi amor por la iglesia. Como lo dijo San Agustín, ella es mi madre y me ha hecho mucho bien. Y no soy un intruso.
Algunos han descrito los servicios de la iglesia en el Cristianismo norteamericano, como un hombre agradable y simpático frente a grupos de gente agradable, diciéndoles que Dios los llama a ser más agradables y simpáticos. Pero, si la fe cristiana se trata de ser más agradable, se vuelve moralismo y, en ese caso, el budismo podría ser más beneficioso que el Cristianismo.
Cuando se mide la veracidad de la fe cristiana de la misma forma en que se mide la efectividad de un jabón -si limpia o no- el tipo de religión (o jabón) que se usa no importa, mientras que nos deje más limpios que antes.
Cuando nos volvemos moralistas, nos perdemos la buena noticia de que nuestra propia justicia no es el punto. xxxObviamente no hay nada malo en ser justo, pero cuando el serlo define al “cristianismo verdadero,” lo que hacemos es cambiar una historia de amor grandiosa en una metodología de socialización. Dicho de otro modo, nos convencemos de que el único propósito de la religión es volver buena a la gente.
Por supuesto que no estoy diciendo que no importa cuál creencia adoptemos o cómo actuemos. Lo que digo es que si el propósito del Cristianismo es producir “simpatía,” debe haber otras formas mejores de lograrla fuera de nuestra fe.
En el capítulo 4 de Romanos, Pablo dice que a Abraham le fue contado por justicia. En otras palabras, Abraham creyó a Dios y, debido a esa simple fe en Dios, la justicia y bondad de Dios se colocó en la cuenta de Abraham.
Luego, Pablo hace una asombrosa declaración en Romanos 4:22-25. Nuestro pecado no es tanto el problema, cuanto nuestra dureza. Jesús llevó nuestro pecado en la cruz (justificación). Y no solo que lo llevó, sino que nos dio el gran y maravilloso regalo de su propia justicia (Imputación). Lo cual significa que todo mi pecado ha sido perdonado. Mi verdadera definición no tiene nada que ver con mi pecado. Soy “justo“ delante de Dios, porque El me ha dado su justicia.
¿Se trata de una gracia barata?
No sé por qué cada vez que alguien empieza a hablar del evangelio, algún detractor grita “!Gracia barata! ¡Gracia barata!” Atención, si no fuera barata, ni tú ni yo podríamos costearla.xxx Si nos costara algún precio ^ compromiso, obediencia, religiosidad o cualquier otra cosa- quedaría en la repisa de la tienda.
Dios nos otorga su gracia por causa de la cruz de Cristo. Es un regalo que nos ha dado con tarjeta y cuyo mensaje está escrito con la sangre del mismo Hijo de Dios. Es un regalo que nos hace justos ^ y no costó barato-. Efectivamente, debe ser “barato” para nosotros pues, de otra manera, nunca lo podríamos costear.
¡Ponte a vivir!
Si de verdad crees que has sido perdonado y aceptado y que Dios te amó sin ninguna condición ni reserva, ¿cómo deberías actuar? ¿Cómo vivirías? ¿Cómo cambiaría tu religión?
Déjame decirte la primera cosa que sucedería. Dejarías de obsesionarte contigo mismo y podrías incluso llegar a tener una verdadera vida.
La gente que llega a comprender las buenas nuevas de Cristo, casi no piensa en cómo pueden ser mejores y más puros. Es más, casi ni siquiera piensan en sí mismos.
Creo que desde un punto de vista existencial, uno de los mayores pecados que los cristianos pueden cometer es un constante enfoque en su propio pecado. Es la práctica más jactanciosa y arrogante que cualquier otra cosa que hagamos. En vez de esto, nos ayudaría enfocarnos en el Dios del Amor y la Gracia.
Dejemos de corregirnos unos a otros: Lo que puede suceder en segundo lugar es que dejarías de preocuparte de los pecados de los demás.
Ya conoces el pasaje. Poniéndolo en las palabras de Jesús: No juzguéis, para que no seáis juzgados (Mateo 7: 1-4).
Gran parte del compañerismo cristiano, estudios bíblicos y otros grupos de la iglesia, lo que hacen es tratar de corregir unos a otros, casi al punto de una histeria masiva.
Razón tienen los paganos de mantenerse alejados de nosotros.
Un cambio de definiciones:
Creo que la tercera cosa que sucedería sería que dejaríamos de definirnos en términos de cuán buenos seamos.
Una de las cosas más sorprendentes, radicales y asombrosas que Jesús haya hecho se describe en el capítulo siete de Lucas. Jesús asistía a una fiesta de gente religiosa y una prostituta irrumpió en el lugar. Jesús la trató con gran respeto y amor. Jesús señaló cuánto lo amaba esta mujer y dijo lo siguiente a los religiosos de la fiesta: Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho, mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama (Lucas 7:47).
Dicho de otra manera, Jesús dijo que ¡ la persona más piadosa de la fiesta era la prostituta! Eso no cuadra con muchas de las cosas que siempre hemos creído sobre el pecado y la piedad.
Si Jesús volviera a encarnarse en nuestro tiempo, todos tendríamos nuestras preguntas. Xxx No sé qué pienses tú, pero una de las preguntas a la cabeza de mi lista sería, “Jesús, ¿quién es la persona más justa en vida?”
“No te lo voy a decir” creo que Jesús me contestaría “porque ni siquiera reconocerías su nombre.”
Cierta vez, Jesús hablando de los escribas y fariseos, dijo a sus discípulos: Porque os digo que si vuestra justicia no fuese mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis al reino de los cielos (Mateo 5:20).
Cuando lo leí por primera vez, me molestó mucho. Es que, al investigar, descubrí que los escribas y fariseos eran en verdad, los individuos religiosos más obedientes y dedicados de la cultura judía del primer siglo. Además, los fariseos seguían la teología correcta en casi todas sus creencias y enseñanzas. Si quisiéramos encontrar su equivalente moderno, nos referiríamos a los cristianos más ortodoxos y fundamentalistas de todos.
Entonces pensé: “Si ellos no son tan justos como deberían y si Jesús espera que yo sea mejor que ellos, estoy en gravísimo problema. Yo que no puedo pasar un solo día sin hacer algo imposible de arreglar. ¿Cómo podría llegar a ser más justo que ellos? Me he esforzado demasiado fuertemente y simplemente no puedo lograrlo.”
Estuve a punto de dedicarme al ayuno y oración cuando me pareció escuchar la voz de Dios que me decía, entre un poco de risas y en un tono muy amable: Es mi justicia, hijo. No la tuya.
Ahora, sal a bailar- y hazlo con gusto y con libertad.
Usado con permiso de Howard Publishing Co., Diciembre, 2004
Escatología de la Victoria V/S
Escatología de la Derrota
Escatología de la Derrota
“La escatología es la doctrina de las últimas cosas, pero también es la doctrina de las primeras cosas porque tiene que ver con la meta de la historia”. Forzosamente, nuestras metas determinarán nuestra forma de actuar. Las metas específicas nos motivan. Si nosotros creemos que la meta principal y final de la vida cristiana es el cielo, o la salvación de nuestras “almas”, seremos indiferentes ante la historia y el mundo que nos rodea. La clase de fe que tenemos rige la totalidad de nuestras vidas y nuestra total perspectiva. Cómo consideremos a Dios y a Cristo determinará cómo nos consideremos nosotros mismos, nuestra vocación y el final de los tiempos.Todos los hombres hablan y escriben desde una determinada perspectiva: Vemos el mundo, las cosas, la historia y el conocimiento en términos de creencias, y estas creencias determinarán fundamentalmente nuestro compromiso con el mundo, las cosas, la historia y el conocimiento. Nuestra perspectiva siempre está condicionada por nuestras presuposiciones religiosas. Una vez que adoptamos una posición, tiene ciertas consecuencias lógicas y también inferencias muy prácticas para nuestras vidas. Si yo creo que Cristo pronto me raptará de este mundo maligno, esto tendrá un efecto práctico en mí vida, muy diferente de una creencia de que yo veré que el mundo se convertirá en un mundo mejor donde el reino de Dios se extenderá de manera amplia y dominante. Nuevamente, si yo creo que el mundo verá el triunfo progresivo del pueblo de Cristo hasta que todo el mundo sea cristiano y se revele una gloriosa era material y espiritual, yo me motivaré en forma muy diferente a un creyente dispensacionalista que piensa que este mundo le pertenece a Satanás y que va derecho a las garras del anticristo. Las escatologías que creamos determinarán una diferencia muy grande en cómo contemplamos el mundo y nuestra labor y futuro en el mismo. Se dice que en Chile hay tres millones de personas que se confiesan cristianos evangélicos, es decir, que han recibido a Cristo como Señor y Salvador. Si esta gente cree que el final está cerca y que el rapto, el anticristo y la gran tribulación están a la vuelta de la esquina, su impacto en Chile y el mundo será (y es) muy diferente del de aquellos tres millones que creen que conquistarán el mundo. En un enfoque, el pueblo se prepara para escapar del mundo y, en lo posible, “convertir” al máximo de “almas” antes de ser “raptados”. En la otra, se preparan para dominar por medio de la Palabra el mundo y hacer valer los “Derechos de Corona del Rey Jesús”.Pesimismo: El problema es que la vasta mayoría de los evangélicos han creído que las cosas empeorarán progresivamente en casi todas las áreas de la vida hasta que Cristo regrese. Esta posición pesimista y derrotista de la historia recibe el nombre de dispensacionalismo. Los dispensacionalistas creen que Jesús establecerá un reino terrenal visible, con Cristo a la cabeza, presente en cuerpo y que durará mil años literales. Ellos no creen que Cristo Reina actualmente, sino que es Satanás quien gobierna y dirige este mundo. Creen que la iglesia está solo para “rescatar almas” del infierno pero llegara un punto en que deberá ser “raptada” de la tierra porque el mundo caerá más y más bajo el dominio de Satanás. Esta escatología enseña la derrota terrenal de la iglesia de Cristo antes de su Segunda Venida. Un problema con esta perspectiva es que, cuando llegan las derrotas predecibles, los cristianos tienen un incentivo teológico para encogerse de hombros y decirse a sí mismos: "Así es la vida. Así es como Dios profetizó que ocurriría. Las cosas están empeorando". Leen los amarillistas y sensacionalistas titulares de los diarios, y piensan para sus adentros: "El rapto de la Iglesia está a las puertas". La fortaleza interior que la gente necesita para recuperarse de las derrotas externas normales de la vida es socavada por una teología que predica la inevitable derrota terrenal de la iglesia de Jesucristo. La gente piensa para sus adentros: "Si ni siquiera la santa iglesia de Dios puede triunfar, entonces, ¿cómo puedo yo esperar triunfar?" Por consiguiente, los cristianos se convierten en los cautivos psicológicos de los encabezamientos pesimistas diseñados para vender los periódicos.Esta escatología parte por una falsa suposición: la inevitable derrota en la historia de la iglesia de Cristo por las fuerzas terrenales de Satanás. Esta doctrina es satánica en forma y contenido, ya que está a favor de la impotencia histórica y la irrelevancia cultural de la obra de Cristo en el Calvario. Esto es lo que los dispensacionalistas predican, el escapismo, la irrelevancia y la cobardía. Ellos nunca se propusieron cambiar la civilización. Sólo se proponían escapar de lo que consideraban como las características “más desagradables de la civilización moderna”, cosas tales como el licor, el cine, y los bailes sociales. Es tanta la esquizofrenia de los dispensacionalistas y los fundamentalistas que Rousas Rushdoony dijo: “He dicho a menudo que si los anti-abortistas difundieran el rumor de que el abortista local daba un vaso de cerveza a cada mujer para calmarle los nervios después del aborto, la mitad de los fundamentalistas del pueblo estarían en las filas de los manifestantes en frente de su oficina dentro de una semana”En resumen, el dispensacionalismo enseña que en la historia no existe tal cosa como un triunfo de Cristo y su Reino. El papel de los cristianos es en el mejor de los casos sonreír y resignarse, y con mayor probabilidad ser victimas y mártires. En este punto de vista pesimista, el mundo irá de mal en peor. El cristiano debe retirarse del mundo de la acción, en la comprensión de que no hay esperanza para este mundo, ninguna victoria mundial de la causa de Cristo ni rectitud y paz mundial. La Palabra Dios es inaplicable porque no hay ningún plan de conquista ni plan de triunfo en el nombre y poder de Cristo. En el mejor de los casos, la Palabra de Dios es un plan de moralidad privada, no para hombres y naciones en todos sus aspectos. No es sorprendente que el dispensacionalismo produzca una perspectiva retraída, alienada y obtusa, una iglesia en la cual los hombres no piensan en la victoria. El teólogo bíblico David Chilton compuso un epitafio para el dispensacionalismo, este es: "¡Predicamos la derrota, y la obtuvimos!"Optimismo: Pero nuestro Señor dijo: “Negociad entre tanto que vengo” (Luc. 10:13) Dios creó al hombre para ejercer dominio sobre la tierra y para dominar todas las cosas en términos de la palabra de Dios, y Jesucristo restauró al hombre (siendo él mismo el postrer Adán) en este mandato, con la bendita seguridad de que nuestro “trabajo en el Señor no es en vano” (1 Cor. 15:58) y que “mucho más reinaran en vida, por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia” (Rom. 5: 17)El mensaje fundamental de la escatología bíblicamente correcta es la victoria, en el tiempo, en la tierra, en la historia. Una victoria abarcante, no simplemente una especie de victoria psicológicamente interna, de "sonrisas en nuestros rostros, gozo en nuestros corazones". Esta escatología es lo que en círculos teológicos se llama Postmilenialismo. También recibe otros nombres como Teología del Dominio o Reconstrucción Cristiana. El Postmilenialismo enseña que el llamado y deber del cristiano es ejercer los derechos de corona del Rey Jesús en todas las áreas de la vida. Cristo ha comprado a su pueblo de entre las naciones, no sólo para redimirles del pecado, sino para capacitarles para que cumplan el Mandato de Dominio original de Dios para el hombre. Como el segundo Adán, Cristo asigna a su nueva creación la tarea que Adán perdió (esta vez, sin embargo, sobre el inconmovible fundamento de su muerte, su resurrección, y su ascensión) La salvación tiene un propósito, “un salvar a, así como un salvar de”. Cristo ha hecho de su pueblo reyes y sacerdotes para nuestro Dios, y ha garantizado su destino: Reinarán sobre la tierra. Esto nos muestra la dirección de la historia: Los redimidos del Señor, ya una nación de reales sacerdotes, avanzan hacia el completo dominio que Dios ha planeado como su programa original para el hombre. En Adán, se había perdido; Cristo Jesús, el segundo Adán, nos ha redimido y nos ha restaurado a nuestro real sacerdocio, para que reinemos sobre la tierra. Por medio de la obra de Cristo, la victoria definitiva sobre Satanás ha sido ganada. Se nos prometen crecientes victorias, y creciente gobierno y dominio, al hacer que el evangelio y la ley del gran Rey produzcan frutos por todo el mundo.El postmilenarismo ve la salvación como victoria en el tiempo y la eternidad, por consiguiente ve una responsabilidad del hombre de Dios para toda la vida. El postmilenarismo sostiene que se cumplirán las profecías de Isaías y de toda la Escritura. Las Escrituras no se han hecho inaplicables a la historia. Habrá victoria sobre Satanás, tal y como lo declaran en Génesis 3:15, Romanos 16:20 y Apocalipsis 12:9; y como lo proclamaban en Génesis 13, Génesis 28:14, Romanos 4:13, y toda la escritura, todas las familias de la tierra serán bienaventuradas. Se convertirán los pueblos de todas las lenguas, tribus y naciones, y la palabra de Dios prevalecerá y gobernará en todas partes de la tierra. Por lo tanto, hay necesidad de acción y una seguridad de victoria.
Benjamín Warfield, de Princeton, dijo: "Entonces, no debéis imaginar que Dios se sienta indefenso mientras el mundo, que él creó para sí mismo, se lanza, indefenso, a su destrucción, y que Él sólo puede arrebatar, aquí y allá, algún tizón del incendio universal. El mundo no le gobierna a Él en ninguno de sus actos: Él lo gobierna y lo conduce con mano firme hacia el fin que, desde el principio, o desde que se colocara la primera viga, Él había determinado para él.... A través de todos los años, se nota un propósito, un creciente propósito: más y más, los reinos de la tierra han venido a ser el Reino de nuestro Dios y de su Cristo. Puede que el proceso sea lento; a nuestros ojos impacientes, el progreso puede parecer que se demora. Pero es Dios el que está construyendo, y bajo sus manos, la estructura se levanta firme aunque lentamente, y a su debido tiempo, la cúspide será puesta en su lugar, y ante nuestros ojos atónitos, quedará revelado nada menos que un mundo salvado".
En el Circo Máximo de Nerón, el escenario de sus sangrientas y repugnantes matanzas de cristianos (por medio de las bestias salvajes, por crucifixión, por el fuego y por la espada) había un gran obelisco de piedra, mudo testigo de la valiente conducta de aquellos santos valientes que soportaron la tribulación y contaron todas las cosas como pérdida por amor a Cristo. Hace mucho tiempo, el bestial Nerón y sus secuaces pasaron de la escena a su recompensa eterna, pero el obelisco todavía permanece, y ahora está en el centro de la gran plaza en frente de la Basílica de San Pedro. Grabadas a cincel en su base aparecen estas palabras, tomadas del himno de triunfo de los mártires vencedores:
En el Circo Máximo de Nerón, el escenario de sus sangrientas y repugnantes matanzas de cristianos (por medio de las bestias salvajes, por crucifixión, por el fuego y por la espada) había un gran obelisco de piedra, mudo testigo de la valiente conducta de aquellos santos valientes que soportaron la tribulación y contaron todas las cosas como pérdida por amor a Cristo. Hace mucho tiempo, el bestial Nerón y sus secuaces pasaron de la escena a su recompensa eterna, pero el obelisco todavía permanece, y ahora está en el centro de la gran plaza en frente de la Basílica de San Pedro. Grabadas a cincel en su base aparecen estas palabras, tomadas del himno de triunfo de los mártires vencedores:
CHRISTUS VINCIT (Cristo vence)CHRISTUS REGNAT (Cristo reina)CHRISTUS IMPERAT (Cristo gobierna sobre todo)
¿QUIENES FUERON LOS PURITANOS?
En la mente popular, el término Puritano evocaba la imagen de un austero, engreído, lleno de justicia propia, un aguafiestas cazador de brujas. Pero nada podría estar más lejos de la realidad histórica. Aunque el término puritano se usó originalmente como un rótulo detractor, sólo se refiere a alguien que deseaba purificar la adoración de la Iglesia y la vida de los santos. El puritanismo inglés surgió en los años de 1560. Primero apareció como un movimiento de reforma litúrgica, pero pronto se extendió a una actitud distinta hacia la fe cristiana. El fenómeno puritano podría definirse como un movimiento de la iglesia inglesa, donde la mitad del siglo dieciséis hasta principios del dieciocho, que procuraba la reforma en la vida de la iglesia y una purificación individual del creyente. Era calvinista en su doctrina y pietista en su orientación.
CONSAGRACION A LAS ESCRITURAS
Las Escrituras fueron la pieza central del pensamiento y vida de los puritanos.El puritanismo fue, por sobre todas las cosas, un movimiento bíblico. Para los puritanos la Biblia era en verdad la posesión más preciosa que el mundo podría permitirse. Su convicción más profunda era que la reverencia a Dios significaba reverencia por las Escrituras, servir a Dios significa obediencia a las Escrituras. Por lo tanto, para su mente no podría darse un insulto mayor al Creador que rechazar su palabra escrita, y por el contrario, no podría haber un acto de reverencia más elevado que apreciarla, estudiarla con detenimiento y luego vivirla y enseñarla a otros. La intensa veneración por las Escrituras como la palabra viva del Dios viviente y un devoto interés por conocer y hacer todo lo que prescriben, fue el distintivo sobresaliente del puritanismo.
Todo lo que digan las Escrituras, lo dijo Dios. Como dijo Thomas Watson: " En cada línea que lea, piense que Dios le está hablando".La aplicación de las Escrituras se hizo con más constancia a través de la predicación. Como William Ames explica: " Es deber de un predicador corriente declarar la voluntad de Dios, extraída de la Palabra y expresarla para edificación de los oyentes". El sermón servía como un medio de consejería para toda la audiencia, edificando el cuerpo de creyentes reunidos. Desde la perspectiva puritana, si no se edificaba a los santos, la Palabra no se había predicado. Hablando a los ministros de sus días, Ames advierte: " Por tanto, pecan quienes se adhieren al hallazgo y explicación desnuda de la verdad, pero descuidan el uso y la práctica, en las cuales consiste de religión y la consecuente bendición. Tales predicadores edifican muy poco o nada a la conciencia. La predicación puritana consistía, pues, en una especie de consejería preventiva, ya que se aplicaban las verdades de la Palabra a la conciencia. Para cumplir este propósito, cada sermón se dividía en dos partes principales: Doctrina y aplicación. El resultado fue una predicación profundamente teológica y eminentemente práctica.CONFIANZA EN DIOS
El compromiso puritano con la Palabra de Dios proviene de su devoción a Dios como su Autor.
En nuestro siglo A.W. Tozer ha expresado de modo inmejorable la necesidad de una elevada idea de Dios:
" La cuestión más grave delante de la Iglesia es siempre Dios mismo y lo más portentoso acerca de cualquier hombre no es lo que él en un momento dado puede decir o hacer, sino lo que en la profundidad de su corazón concibe acerca de cómo es Dios. Por una secreta ley de nuestras almas tendemos a movernos hacia nuestra imagen mental de Dios. Esto es verdad no sólo para cada creyente, sino para todos lo que componen la Iglesia. Siempre lo más revelador acerca de la Iglesia en su idea de Dios, tanto como su más significativo mensaje es lo que ella dice o no hace de El, porque su silencio es a veces más elocuente que sus palabras. Jamás puede escapar a la auto revelación de su testimonio concerniente a Dios.
El distinguido teólogo inglés del siglo diecisiete, Thomas Watson, es quien mejor capta el énfasis puritano sobre el amor a Dios en su explicación: " El amor a Dios hierve y se derrama, pero no se agota. El amor a Dios, de la misma manera que es sincero y sin hipocresía, también es constante y sin apostasía." El grado de amor a Dios excede toda medida, y que el Señor es la quintaesencia de todo lo bueno. Siendo que Dios es supremo en nuestra percepción, debe ser también supremo en nuestros afectos.
Usted puede amar demasiado a la criatura. Puede amar demasiado el vino y la plata, pero nunca podrá amar demasiado a Dios. Si fuera posible, el exceso aquí sería una virtud, pero nuestro pecado es que no podemos amar lo suficiente a Dios. Por tanto, jamás debemos dejar de procurar un entendimiento mayor de sus propósitos y una devoción mayor a su persona. Una consumidora pasión por Cristo deja muy poco tiempo para distracción tales como buscar nuestra propia satisfacción. Por consiguiente, los puritanos amantes de Dios no estuvieron tan ocupados en las necesidades del yo como aquellos de nosotros que nos toca vivir la " Generación del yo"
EL CONCEPTO PURITANO DEL PECADO
Es en su actitud hacia el pecado que el puritanismo contrasta de un modo tan agudo con nuestra época. En su concepto, la naturaleza humana fue radicalmente defectuosa, caracterizada por su inclinación al mal y aversión a lo bueno. Muchos evangélicos modernos han reemplazado el realismo bíblico de los puritanos con un concepto superficial y ligero del pecado. Hoy en día, el pecado se ha redefinido como el resultado de una aflicción demoníaca o una conducta adictiva. En cualquier caso, el pecador se tiene como víctima y, por tanto, sin responsabilidad de sus acciones.
Los puritanos, en cambio consideraban el pecado como criminal y le prestaban mucha atención. Como observa un historiador: " El pecado era el recipiente de la repulsa mayor que los fieles puritanos podrían expresarle porque amenazaba el orden social, violaba la razón y sobre todo resumía la antítesis de aquello que profesaban amar con más intensidad: " el Señor".
Stephen Charnock comenta que el pecado es una afrenta a Dios: " Cada pecado se funda en un ateísmo secreto"..cada pecado es como una maldición a Dios en el corazón, su objeto es la virtual destrucción del ser de Dios… Un hombre en cada pecado, apunta a establecer su propia voluntad como gobierno y su propia gloria al final de sus acciones".Pecado es darle las espaldas a la adoración de Dios, para adorar el ego. El aspecto más importante acerca de la humanidad es que estamos adorando a las criaturas. Autoadoración, pues, está en el centro del problema del pecado.
A la luz de la corriente infatuación con la autoestima, merece examinarse la enseñanza puritana sobre el amor propio. En un estilo típicamente puritano, Charnock discierne tres tipos de amor propio. El primero es el " amor propio natural", al cual lo considera tanto necesario como recomendable ya que es el patrón de medida de nuestro deber con nuestro prójimo. Este tipo de amor es innato y parte de nuestra naturaleza. Segundo: " el amor propio canal ", es cuando un hombre se ama a si mismo más que a Dios, en oposición a Dios, con menosprecio de Dios. Esta clase de amor " resulta criminal por su exceso"
Este es un amor propio desordenado y, como tal, la pasión fundamental del corazón y puerta de entrada a toda iniquidad. "El amor propio pecaminoso", es alejarse de Dios para meterse en el lodo del egoísmo carnal, del que no hay escape fuera de la gracia divina. Esto lleva al tercer tipo que menciona Charnock, que es un afable amor propio impartido a los creyentes en la regeneración. Es " cuando nos amamos a nosotros mismos por fines más elevados que la naturaleza de una criatura, en subordinación a la gloria de Dios. Esto es reducir a la criatura rebelde a su orden verdadero y feliz, se dice, por tanto, que un cristiano es creado en Cristo Jesús para buenas obras". Sin embargo, aparte de una transformación radical de la naturaleza, el individuo es dejado con su idolatría:"Cuando actúa como si algo menos que Dios puede hacerle feliz, o como si Dios, no pudiera hacerle feliz sin otras cosas. Así, el glotón hace un dios de sus manjares, el ambicioso, de su honor, el sensual, de su lascivia, el avaro, de sus riquezas, por consiguiente las estima como el mejor y más noble fin al cual elevar sus pensamiento…"
Brooks advierte además que ceder a un pecado menor mueve al diablo a tentarnos a cometer uno mayor. "El pecado es un invasor, se desliza en el alma poco a poco, paso a paso". Owen concuerda con esto, hablando del pecado como una fuerza dentro del corazón.
"Primero codicia, despertando e incitando demasiadas quimeras en la mente, deseos en los apetitos y afectos, proponiéndolos a la voluntad. Pero no descas allí, no puede descansar, insta, presiona y persigue sus propósitos con ardor, fuerza y vigor, luchando contendiendo y guerreando para obtener sus fines.."De aquí que la solución que los pastores puritanos ofrecían a los dilemas que crea el dominio del pecado era el principio de la "mortificación".Mortificación es hacer morir las obras de la carne ( Rom. 8:13) Mortificar significa quitar toda fuerza, vigor y poder al pecado, de modo que no pueda actuar por sí mismo ni influir en la vida del creyente. Esto involucra no sólo el fruto del pecado en los patrones de conducta externa, sino también la raíz de pecado en las motivaciones y deseos.El pecado debería de someterse a la luz de la ley y del evangelio respectivamente, por el hecho de que debe verse a la verdadera luz de la santidad, gracia y amor de Dios y del sacrificio de Cristo por él. El Santo que ha pecado debe temblar delante de Dios por haber ofendido su paciencia, pecado contra su misericordia y tomado su gracia por otorgada.Sí la convicción toma control del corazón, le seguirá un definitivo arrepentimiento. Un genuino arrepentimiento es mucho más que un simple reconocimiento del pecado. Keller señala: " es natural para una persona expresar dolor brevemente sobre un pecado y luego restablecerse con un versículo referido al perdón ( 1ª Juan 1:8-9). Pero esto puede producir una tremenda dureza de corazón, en especial en aquellas personas que caen a menudo ante la trampa del pecado que vive en nosotrosTampoco es suficiente dejar el pecado si la única razón es el temor a las consecuencias. El verdadero arrepentimiento, como Ricard Sibbes lo expreso, es " promover en nuestros corazones tal dolor que el pecado resulte aún más odioso que su castigo, hasta llegar al punto en que ejerzamos una santa violencia en su contra.
Los puritanos, en cambio consideraban el pecado como criminal y le prestaban mucha atención. Como observa un historiador: " El pecado era el recipiente de la repulsa mayor que los fieles puritanos podrían expresarle porque amenazaba el orden social, violaba la razón y sobre todo resumía la antítesis de aquello que profesaban amar con más intensidad: " el Señor".
Stephen Charnock comenta que el pecado es una afrenta a Dios: " Cada pecado se funda en un ateísmo secreto"..cada pecado es como una maldición a Dios en el corazón, su objeto es la virtual destrucción del ser de Dios… Un hombre en cada pecado, apunta a establecer su propia voluntad como gobierno y su propia gloria al final de sus acciones".Pecado es darle las espaldas a la adoración de Dios, para adorar el ego. El aspecto más importante acerca de la humanidad es que estamos adorando a las criaturas. Autoadoración, pues, está en el centro del problema del pecado.
A la luz de la corriente infatuación con la autoestima, merece examinarse la enseñanza puritana sobre el amor propio. En un estilo típicamente puritano, Charnock discierne tres tipos de amor propio. El primero es el " amor propio natural", al cual lo considera tanto necesario como recomendable ya que es el patrón de medida de nuestro deber con nuestro prójimo. Este tipo de amor es innato y parte de nuestra naturaleza. Segundo: " el amor propio canal ", es cuando un hombre se ama a si mismo más que a Dios, en oposición a Dios, con menosprecio de Dios. Esta clase de amor " resulta criminal por su exceso"
Este es un amor propio desordenado y, como tal, la pasión fundamental del corazón y puerta de entrada a toda iniquidad. "El amor propio pecaminoso", es alejarse de Dios para meterse en el lodo del egoísmo carnal, del que no hay escape fuera de la gracia divina. Esto lleva al tercer tipo que menciona Charnock, que es un afable amor propio impartido a los creyentes en la regeneración. Es " cuando nos amamos a nosotros mismos por fines más elevados que la naturaleza de una criatura, en subordinación a la gloria de Dios. Esto es reducir a la criatura rebelde a su orden verdadero y feliz, se dice, por tanto, que un cristiano es creado en Cristo Jesús para buenas obras". Sin embargo, aparte de una transformación radical de la naturaleza, el individuo es dejado con su idolatría:"Cuando actúa como si algo menos que Dios puede hacerle feliz, o como si Dios, no pudiera hacerle feliz sin otras cosas. Así, el glotón hace un dios de sus manjares, el ambicioso, de su honor, el sensual, de su lascivia, el avaro, de sus riquezas, por consiguiente las estima como el mejor y más noble fin al cual elevar sus pensamiento…"
Brooks advierte además que ceder a un pecado menor mueve al diablo a tentarnos a cometer uno mayor. "El pecado es un invasor, se desliza en el alma poco a poco, paso a paso". Owen concuerda con esto, hablando del pecado como una fuerza dentro del corazón.
"Primero codicia, despertando e incitando demasiadas quimeras en la mente, deseos en los apetitos y afectos, proponiéndolos a la voluntad. Pero no descas allí, no puede descansar, insta, presiona y persigue sus propósitos con ardor, fuerza y vigor, luchando contendiendo y guerreando para obtener sus fines.."De aquí que la solución que los pastores puritanos ofrecían a los dilemas que crea el dominio del pecado era el principio de la "mortificación".Mortificación es hacer morir las obras de la carne ( Rom. 8:13) Mortificar significa quitar toda fuerza, vigor y poder al pecado, de modo que no pueda actuar por sí mismo ni influir en la vida del creyente. Esto involucra no sólo el fruto del pecado en los patrones de conducta externa, sino también la raíz de pecado en las motivaciones y deseos.El pecado debería de someterse a la luz de la ley y del evangelio respectivamente, por el hecho de que debe verse a la verdadera luz de la santidad, gracia y amor de Dios y del sacrificio de Cristo por él. El Santo que ha pecado debe temblar delante de Dios por haber ofendido su paciencia, pecado contra su misericordia y tomado su gracia por otorgada.Sí la convicción toma control del corazón, le seguirá un definitivo arrepentimiento. Un genuino arrepentimiento es mucho más que un simple reconocimiento del pecado. Keller señala: " es natural para una persona expresar dolor brevemente sobre un pecado y luego restablecerse con un versículo referido al perdón ( 1ª Juan 1:8-9). Pero esto puede producir una tremenda dureza de corazón, en especial en aquellas personas que caen a menudo ante la trampa del pecado que vive en nosotrosTampoco es suficiente dejar el pecado si la única razón es el temor a las consecuencias. El verdadero arrepentimiento, como Ricard Sibbes lo expreso, es " promover en nuestros corazones tal dolor que el pecado resulte aún más odioso que su castigo, hasta llegar al punto en que ejerzamos una santa violencia en su contra.
Pero ¿por qué ser reformado?
Diré por qué yo lo soy; tal vez ello sirva como respuesta a la pregunta más general:
(1) ¿Por qué ser reformado? ¡Porque es verdad!
En estos tiempos posmodernos en los que lo que prima es lo que se siente, hay que decir en voz alta que si algo no es verdad, no vale para nada. Si no es verdad, no me interesa. Si yo creyese que el cristianismo no era verdad, no sería cristiano, aunque el serlo me hiciera sentirme muy feliz. Y es lo mismo con el ser reformado. Yo no era reformado; era, de forma inconsciente pero muy clara, anti-reformado. Me sabía todos los argumentos en contra de las ideas reformadas, aunque fuera sin haber oído jamás la palabra "reformado". Pero al seguir leyendo, escuchando, estudiando y orando, llegué a conocer, a entender y a creer "las doctrinas de la gracia", y, no sin cierta lucha, me postré ante el Dios soberano con lágrimas de gozo. No pude resistir lo que me parecía clarísimamente la pura verdad de la Palabra de Dios. Decidí someter mi falta de entendimiento, mi resistente voluntad y mi vida a partir de entonces, a lo que vi que decía y enseñaba Dios en su Palabra.
(2) ¿Por qué ser reformado? ¡Porque exalta a Dios!
Una manera de entender la Biblia que humilla al hombre y exalta a Dios me parece irresistiblemente convincente. No es eso lo que el hombre por sí solo hubiera diseñado y servido; ¡es algo anti-natural! Para mí, la manera reformada de entender la teología bíblica hace eso: humilla al hombre, y exalta a Dios. Afirma de forma innegociable la soberanía absoluta de Dios en todo: en la Creación; en la Providencia; en la Salvación; en la Consumación; en todo. Y cuando el hombre, a fin de cuentas solo un orgulloso trozo de barro, se atreve a dirigir sus mejores argumentos contra el divino Alfarero, se encuentra respuestas tan poco satisfactorias como incontestables, como: "Dios lo hizo así porque quiso, y punto"; "Dios lo hizo así para su propia gloria"; y: "¿Quién eres tú para que alterques con Dios?"
(3) ¿Por qué ser reformado? ¡Porque exalta a Cristo!
Hay dos maneras de que se predica el evangelio: una de ellas pretende decirnos que el Hijo de Dios encarnado no salvó a nadie; solo hizo posible la salvación de todo el mundo; derramó su sangre por los millones de condenados al infierno - ¡poco consiguió su sangre en el caso de ellos!; y presentan a un pobre Jesús que hizo todo lo que pudo, pero que, vamos, el factor determinante no está en sus manos, sino en las de cada muerto espiritual; y la otra manera de predicar el evangelio es presentando a un Cristo que realmente vino para salvar y salvó; un Cristo no impotente, llamando al corazón del pecador, sino todopoderoso, abriendo, vivificando, transformando el duro corazón humano. A mí me parece que esta segunda manera de enfocarlo exalta más al Señor Jesucristo.
(4) ¿Por qué ser reformado? ¡Porque satisface!
Estoy seguro de que un "sistema" bíblico-teológico sin problemas y que satisfaga plenamente no existe, ni va a existir a este lado de la gloria; y creo que todo el mundo sabe que en la Biblia hay aparentes contradicciones, diferencias de perspectiva y de énfasis, y tensiones entre dos o más principios que parecen casi incompatibles. Pero en mi experiencia, el "sistema" reformado es el que menos problemas tiene o crea, y el que mejor explica la Biblia como un todo.
(5) ¿Por qué ser reformado? ¡Por la nube de testigos!
Es triste, pero desde la superficial perspectiva del cristianismo evangélico de hoy, centrado en sí mismo y con poco interés en el pasado - o sea, en las raíces - del pueblo de Dios, la "versión" reformada es la que parece rara, increíble y tan minoritaria como para parecer de un sector de la iglesia extremista, sectario y herético. Pero los que saben por lo menos un poco sobre la historia de la iglesia, saben que desde el gran despertar que fue la Reforma protestante del siglo XVI y hasta muy entrado el siglo XVIII esa "versión" reformada fue "la normal" y una que produjo todo un ejército de predicadores, pastores, misioneros y teólogos cuya estatura, a mi entender, todavía no se ha superado; y todas esas otras "versiones" que hoy nos parecen tan "normales" son relativamente jóvenes. Es más, ¡me atrevería a decir que la inmensa mayoría de los cristianos evangélicos hoy día comparten, pero sin darse cuenta de ello, el semi-pelagianismo de la Iglesia Católica Romana, tan eficazmente criticado y herido de muerte por Agustín de Hipona hace nada menos que mil seiscientos años! De acuerdo, lo que importa es la enseñanza de la Biblia, nuestra única fuente de autoridad absoluta, y aun la mayoría puede estar equivocada. Pero si creemos que la teología bíblica ha de hacerse dentro de la comunidad de la fe, tampoco debemos descartar casi sin más a uno de los sectores de la iglesia cristiana que a lo largo de los siglos más ha aportado al bienestar de la iglesia y a la defensa y proclamación del evangelio: a saber, el sector reformado.
¿Por qué ser reformado? Estas son algunas de las razones que hay; habrá otras, y seguramente tan buenas o mejores. Y seguramente habrá también no pocas razones para no ser reformado, y entre estas los errores, pecados, incoherencias y orgullo teológico de no pocos cristianos reformados. Todo esto nos lleva hacia una doble llamada: a todos los cristianos reformados, que examinemos y corrijamos el flaco favor que no pocas veces hemos hecho y hacemos a nuestra propia causa; y a todos los cristianos todavía no reformados, que hagan un mayor esfuerzo por entender y saber valorar en su justa medida la aportación que pueda hacer a la causa de Cristo tanto el pensamiento como el pueblo reformado.
(1) ¿Por qué ser reformado? ¡Porque es verdad!
En estos tiempos posmodernos en los que lo que prima es lo que se siente, hay que decir en voz alta que si algo no es verdad, no vale para nada. Si no es verdad, no me interesa. Si yo creyese que el cristianismo no era verdad, no sería cristiano, aunque el serlo me hiciera sentirme muy feliz. Y es lo mismo con el ser reformado. Yo no era reformado; era, de forma inconsciente pero muy clara, anti-reformado. Me sabía todos los argumentos en contra de las ideas reformadas, aunque fuera sin haber oído jamás la palabra "reformado". Pero al seguir leyendo, escuchando, estudiando y orando, llegué a conocer, a entender y a creer "las doctrinas de la gracia", y, no sin cierta lucha, me postré ante el Dios soberano con lágrimas de gozo. No pude resistir lo que me parecía clarísimamente la pura verdad de la Palabra de Dios. Decidí someter mi falta de entendimiento, mi resistente voluntad y mi vida a partir de entonces, a lo que vi que decía y enseñaba Dios en su Palabra.
(2) ¿Por qué ser reformado? ¡Porque exalta a Dios!
Una manera de entender la Biblia que humilla al hombre y exalta a Dios me parece irresistiblemente convincente. No es eso lo que el hombre por sí solo hubiera diseñado y servido; ¡es algo anti-natural! Para mí, la manera reformada de entender la teología bíblica hace eso: humilla al hombre, y exalta a Dios. Afirma de forma innegociable la soberanía absoluta de Dios en todo: en la Creación; en la Providencia; en la Salvación; en la Consumación; en todo. Y cuando el hombre, a fin de cuentas solo un orgulloso trozo de barro, se atreve a dirigir sus mejores argumentos contra el divino Alfarero, se encuentra respuestas tan poco satisfactorias como incontestables, como: "Dios lo hizo así porque quiso, y punto"; "Dios lo hizo así para su propia gloria"; y: "¿Quién eres tú para que alterques con Dios?"
(3) ¿Por qué ser reformado? ¡Porque exalta a Cristo!
Hay dos maneras de que se predica el evangelio: una de ellas pretende decirnos que el Hijo de Dios encarnado no salvó a nadie; solo hizo posible la salvación de todo el mundo; derramó su sangre por los millones de condenados al infierno - ¡poco consiguió su sangre en el caso de ellos!; y presentan a un pobre Jesús que hizo todo lo que pudo, pero que, vamos, el factor determinante no está en sus manos, sino en las de cada muerto espiritual; y la otra manera de predicar el evangelio es presentando a un Cristo que realmente vino para salvar y salvó; un Cristo no impotente, llamando al corazón del pecador, sino todopoderoso, abriendo, vivificando, transformando el duro corazón humano. A mí me parece que esta segunda manera de enfocarlo exalta más al Señor Jesucristo.
(4) ¿Por qué ser reformado? ¡Porque satisface!
Estoy seguro de que un "sistema" bíblico-teológico sin problemas y que satisfaga plenamente no existe, ni va a existir a este lado de la gloria; y creo que todo el mundo sabe que en la Biblia hay aparentes contradicciones, diferencias de perspectiva y de énfasis, y tensiones entre dos o más principios que parecen casi incompatibles. Pero en mi experiencia, el "sistema" reformado es el que menos problemas tiene o crea, y el que mejor explica la Biblia como un todo.
(5) ¿Por qué ser reformado? ¡Por la nube de testigos!
Es triste, pero desde la superficial perspectiva del cristianismo evangélico de hoy, centrado en sí mismo y con poco interés en el pasado - o sea, en las raíces - del pueblo de Dios, la "versión" reformada es la que parece rara, increíble y tan minoritaria como para parecer de un sector de la iglesia extremista, sectario y herético. Pero los que saben por lo menos un poco sobre la historia de la iglesia, saben que desde el gran despertar que fue la Reforma protestante del siglo XVI y hasta muy entrado el siglo XVIII esa "versión" reformada fue "la normal" y una que produjo todo un ejército de predicadores, pastores, misioneros y teólogos cuya estatura, a mi entender, todavía no se ha superado; y todas esas otras "versiones" que hoy nos parecen tan "normales" son relativamente jóvenes. Es más, ¡me atrevería a decir que la inmensa mayoría de los cristianos evangélicos hoy día comparten, pero sin darse cuenta de ello, el semi-pelagianismo de la Iglesia Católica Romana, tan eficazmente criticado y herido de muerte por Agustín de Hipona hace nada menos que mil seiscientos años! De acuerdo, lo que importa es la enseñanza de la Biblia, nuestra única fuente de autoridad absoluta, y aun la mayoría puede estar equivocada. Pero si creemos que la teología bíblica ha de hacerse dentro de la comunidad de la fe, tampoco debemos descartar casi sin más a uno de los sectores de la iglesia cristiana que a lo largo de los siglos más ha aportado al bienestar de la iglesia y a la defensa y proclamación del evangelio: a saber, el sector reformado.
¿Por qué ser reformado? Estas son algunas de las razones que hay; habrá otras, y seguramente tan buenas o mejores. Y seguramente habrá también no pocas razones para no ser reformado, y entre estas los errores, pecados, incoherencias y orgullo teológico de no pocos cristianos reformados. Todo esto nos lleva hacia una doble llamada: a todos los cristianos reformados, que examinemos y corrijamos el flaco favor que no pocas veces hemos hecho y hacemos a nuestra propia causa; y a todos los cristianos todavía no reformados, que hagan un mayor esfuerzo por entender y saber valorar en su justa medida la aportación que pueda hacer a la causa de Cristo tanto el pensamiento como el pueblo reformado.
¿POR QUÉ UN PADRE DEBIESE ESTUDIAR TEOLOGÍA?
Por Robert E. Fugate
No es algo poco común en la actualidad que la gente cuestione la importancia de estudiar teología. Algunos cristianos afirman que ellos solo quieren escuchar sermones prácticos, no sermones que enseñan teología. (¿No se dan cuenta que la ética bíblica se deriva de la teología bíblica?) Otros afirman que la teología divide, de modo que concluyen en que toda la teología es perjudicial. Debido a tales actitudes, autoridades reconocidas en el crecimiento de la iglesia les advierten a los pastores a evitar enseñar doctrina. No obstante, debemos preguntar, ¿es este un enfoque bíblico? ¿Existen razones por las cuales debiésemos estudiar teología? me gustaría sugerir varias razones por las cuales es imperativo que los cristianos estudien teología cristiana y ortodoxa.
El Tema De La Teología Es El Tema Más Importante Del Universo
La teología es el estudio del Dios trino y personal – su naturaleza y sus propósitos, los cuales revela a través de sus Palabras y sus hechos. Un atributo de este Dios soberano e inmutable es la verdad. Debido a que Dios es verdad, su Palabra es verdad (Juan 17:17). Puesto que la Palabra de Dios es verdad esta funciona como el estándar último de la verdad, el punto de referencia por el cual ha de medirse toda otra afirmación de veracidad. Dios nos dice que su Palabra escrita es útil para enseñar – para establecer doctrina (2 tim. 3:16). ¡Todos estos hechos nos informan que el estudio de la teología ortodoxa o de la doctrina bíblica es el campo más importante de estudio que podríamos jamás estudiar! generalmente se hace referencia al estudio de la doctrina bíblica como teología sistemática. Al usar el término teología sistemática indicamos que existe una declaración unificada y exhaustiva de lo que la Escritura, como un todo, enseña con respecto a Dios.
La Teología Es El Fundamento Para Todos Los Aspectos De La Vida Y El Estudio
La teología sistemática es necesaria si es que los hombres han de pensar de forma inteligente y lógica con respecto a cualquier cosa. Sin el concepto de teología sistemática y el Dios que esta establece, no podemos sostener el concepto de un universo racional y comprensible, y por ende, de ningún orden significativo. No hay otro Dios, ni ninguna otra verdad, ninguna otra posibilidad, sistema o significado fuera de él. Dios como creador, gobernante providencial y redentor es la causa, conexión, voluntad, poder y acción necesaria entre y en todas las cosas. Cualquier cosa menos que esa no es teología sino antropología (el estudio del hombre) de modo que la teología cristiana ortodoxa provee el fundamento para cualquier otro campo de estudio. Aparte de la doctrina bíblica uno no puede jamás entender apropiadamente el papel de la iglesia, el estado, la escuela, la familia, las artes y las ciencias, las vocaciones o cualquier otra cosa.
La Teología Une A Los Cristianos En La Verdad
El verdadero compañerismo con Dios (quien es la verdad) y con el pueblo de Dios requiere la verdad. La unidad del espíritu únicamente puede ser disfrutada donde haya unidad de la fe (efe. 4:3-6; 13-15), pues la luz no puede tener compañerismo con las tinieblas (2 cor. 6:14-16). Hemos de estar opuestos a cualquiera que predique unidad, mientras hace a un lado la doctrina apostólica (tal y como se registra de manera infalible en la Escritura) (hechos 15:1f, 23f; 1 cor. 14:36-38; 2 cor. 13:2f; gál. 1:8f; 1 tes. 4:8; 2 tes. 3:6, 14; tit. 2:15; 1 jn. 2:18; 2 jn. 9-11; apoc. 22:18f). La teología sistemática hace que un creyente sea más epistemológicamente consciente al desarraigar las inconsistencias de la religión del sincretismo. (Para ser epistemológicamente auto-consciente una persona debe deliberadamente seleccionar doctrinas, otras creencias, éticas, etc. que sean consistentes las unas con las otras y con la teoría del conocimiento, i.e., epistemología, que tenga la persona). No hay lugar para el pluralismo epistemológico, teológico o ético en el pensamiento cristiano. Dios es la fuente de la verdad.
La Teología Protege A Los Cristianos De Los Errores Nocivos
La Palabra de Dios separa la verdad del error, enseñando la sana [sólida] doctrina (1 tim. 1:10; 4:6; 6:3; 2 tim. 1:13; 4:3; tit. 1:9; 2:1, 10), mientras advierte en contra de la falsa doctrina (2 cor. 11:4; Gal. 1:6-9; 1 tim. 1:3; 4:1; 6:3). De modo que hay un sentido en el que se supone que la doctrina ha de dividir. Dios mismo ha decretado una antítesis perpetua entre su reino y el reino de satanás, entre la verdad y el error (gén. 3:15; mat. 25:41). Cristo causó divisiones (mat. 10:34; luc. 12:51; jn. 7:12, 43; 9:16; 10:19) – incluso a través de su enseñanza (jn. 6:61-66; 10:19-21). La teología sistemática sólidamente bíblica sigue trabajando para desarraigar todas las presuposiciones extrañas, y para proteger en contra de las filosofías paganas (col. 2:8). Algunos errores doctrinales son tan serios que Dios los llama herejías destructivas (2 Ped. 2:1) y doctrinas de demonios (1 tim. 4:1). Pero aparte de un entendimiento de la doctrina, ¿cómo puede uno saber qué constituye herejía, y cuáles herejías con particularmente destructivas (de maldición)? la Escritura nos dice que Dios pronuncia una maldición sobre cualquiera que predique algún otro evangelio (Gál. 1:8). Los ejemplos podrían incluir: un evangelio de salvación por gracia más obras (e.g., catolicismo romano, mormonismo, etc.); un evangelio psicológico; un evangelio de socialismo (e.g., teología de la liberación); un evangelio de salud y riquezas constantes; un evangelio de un Dios finito (e.g., teología del proceso, la visión abierta de Dios); etc. algunas personas objetan que la doctrina es relativamente poco importante; lo que es primordial es una pasión por Jesús. Sin embargo, la escogencia entre una pasión por Jesús y la doctrina cristiana ortodoxa es un falso dilema. La única opción es esto y aquello, no de esto o lo otro. Sin la doctrina cristiana ortodoxa usted no puede darse cuenta de si el Jesús con el cual otras personas están apasionadas es el mismo Jesús con el cual usted está apasionado. numerosos cultos y numerosas religiones tienen su propio Jesús: el Jesús de los testigos de Jehová, el Jesús mormón, el Jesús liberal, el Jesús unitario, el Jesús de la nueva era, el Jesús de los judíos, el Jesús musulmán, el Jesús de la unidad, el Jesús de los consejeros cristianos, etc. la situación no era diferente en la iglesia primitiva con el Jesús ebionita, el Jesús docético, el Jesús arriano, el Jesús apolinario, el Jesús nestoriano, el Jesús de eutico, etc. ¡y la mayoría de estos grupos estaban llenos de pasión respecto a su Jesús! además, sin la doctrina cristiana ortodoxa, ni siquiera puede saber si el Jesús con el cual usted está apasionado es el Señor JesuCristo, el Dios-hombre que se sienta a la mano derecha de Dios el padre, i.e., ¡el Jesús de la Biblia! de modo que no es asunto de escoger entre la pasión por Jesús y la doctrina cristiana ortodoxa. El apóstol pablo es un buen ejemplo de cómo deben combinarse ambas cosas. La iglesia, a lo largo de todas las edades, ha encontrado que el estudio de la teología es algo indispensable. Son generalmente los herejes quienes se oponen de manera estricta al estudio de la teología cristiana histórica ortodoxa. Claro está que los mismos herejes no carecen de teología.
El Estudio De La Teología Es Necesario Para Obedecer La Escritura
Los cristianos necesitan aprender la doctrina bíblica para obedecer plenamente al Señor. Por ejemplo, la Escritura nos manda: a amar al Señor nuestro Dios con toda nuestra mente (mat. 22:37; deut. 6:5); a dejar de pensar como el mundo piensa (rom. 12:2); a llevar todo pensamiento cautivo a la obediencia a Cristo (2 cor. 10:5), que Cristo pueda tener preeminencia en todo (col. 1:18). En otras Palabras, debemos (al nivel de criaturas) pensar los pensamientos de Dios según su manera. Para pensar los pensamientos de Dios a su manera debemos sistematizar la Palabra escrita de Dios, aplicándola a todas las áreas de la vida. En pocas Palabras, debemos desarrollar una cosmovisión cristiana abarcadora por la cual podamos interpretar la totalidad de la vida, incluyendo los negocios, la economía, el papel del gobierno civil, el matrimonio y la familia, la educación, la ciencia, el arte, la música, la recreación, etc. – desde la perspectiva de Dios. conformarse con cualquier cosa menos que una cosmovisión cristiana global es una negación de la soberanía o del Señorío de Cristo sobre todas las áreas de la vida, y una negación de que todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento pueden encontrarse únicamente en él (col. 2:3). Además, cualquier meta menor le roba a Dios la gloria debida a su nombre. Es claro entonces que para ser capaces de aplicar la Biblia a todas las áreas de la vida y la cultura se requerirá el estudio de la doctrina bíblica. Obedecer los mandamientos directos de la Biblia, tales como, contended ardientemente por la fe que ha sido transmitida a los santos de una vez por todas (judas 3, rvr77), es algo que necesita el estudio de la teología. ¿De qué otra manera puede uno saber qué constituye la fe que fue transmitida a los santos de una vez por todas? lo mismo podría decirse de muchos otros versículos. Los cristianos han de permanecer fijamente en la doctrina de los apóstoles (hechos 2:42; 2 tim. 3:10) - ¿pero qué es la doctrina de los apóstoles? Cristo les advirtió a los discípulos a que tuvieran cuidado de los efectos corruptos de la mala doctrina (mat. 16:12; cf. col. 2:20-23; heb. 13:9) - ¿qué conforma la mala doctrina?
La Iglesia Es El Depósito Y Guardiana De La Verdad
La Escritura se refiere a la fe que fue una vez dada a los santos (judas 3) como un depósito de verdad que le fue confiado a la iglesia de Cristo (1 tim. 1:18; 6:20; 2 tim. 1:14; 2:2; cf. rom. 3:2; 1 cor. 9:17; gál. 2:7; 1 tes. 2:4; 1 tim. 1:11; tit. 1:3). Dios tiene a la iglesia como responsable de guardar y sostener firmemente este depósito de verdad doctrinal (hechos 16:4; 1 cor. 11:2; 15:1; 2 tes. 2:15; 1 tim. 6:20; 2 tim. 1:14). Decir esto es decir que el cristianismo implica la verdad o doctrina revelada por Dios. ¡Si no hay verdadera doctrina, no hay verdadero cristianismo! apartarse de la sana doctrina es apostatar de la verdad, i.e., la fe cristiana (2 tim. 4:3f). Los líderes de la iglesia deben darle atención a la sana doctrina (1 tim. 4:13, 16; tit. 2:1, 7), no han de enseñar otra doctrina (1 tim. 1:3; tit. 1:9), pues las doctrinas hechas por los hombres producen vana adoración (mat. 15:9; marc. 7:7). Aquellos ancianos que trabajan duro en la Palabra y en la doctrina han de recibir un pago mayor (1 tim. 5:17f). A la iglesia se le manda evitar y excomulgar a aquellos que rechacen la sana doctrina (rom. 16:17; 1 tim. 6:3-5; 2 tes. 3:6, 14; 2 jn. 9f; apoc. 2:14f, 24). Es claro entonces que creer y obedecer la doctrina bíblica es algo muy importante para el Señor.
Todos Son Teólogos
Las cosas no permanecen en un vacío donde la sana teología bíblica y sistemática esté ausente; la teología antibíblica llenará ese vacío. La teología sistemática no puede ser evadida. Nunca es un asunto de teología o no-teología; siempre es un asunto de cuál teología – la teología bíblica o la teología antibíblica. ¡La teología es un concepto inevitable! todos tienen una teología (ya sea buena o mala, consistente o inconsistente). Todos son teólogos (ya sea aficionado o profesional). Para resumir, estudiar teología cristiana ortodoxa puede ayudarle a:
- Conocer y entender mejor a Dios y sus propósitos, obedecerle y glorificarle más plenamente;
- Edificar una cosmovisión cristiana con la cual pueda interpretar apropiadamente todos los aspectos de la vida y la cultura, aprendiendo a pensar los pensamientos de Dios a su manera;
- Guardar la fe cristiana que fue una vez dada a los santos, permaneciendo unido con la verdadera iglesia de todos los tiempos; y
- Estar protegido de los falsos profetas, falsos maestros y las varias formas de engaño satánico.
Sed Fieles Soldados De Cristo
La iglesia de los Estados Unidos (y de América Latina) está siendo desgarrada por herejías y éticas antibíblicas. La inerrancia de la Escritura está siendo considerada como una doctrina no esencial por muchos eruditos evangélicos de la actualidad. En las mentes de muchos es la ciencia la que habla la Palabra autoritativa, de modo que creen en la evolución teísta en lugar de creer en los seis días de la creación. Los errores anti-trinitarios se están diseminando, lo mismo que la adoración panteísta de la naturaleza, el deísmo finito, las religiones orientales y otras formas de misticismo. Las psicologías paganas que se contradicen a sí mismas han reemplazado la consejería bíblica en muchos bastiones del evangelicalismo. La verdad objetiva está siendo suplantada por el subjetivismo, el relativismo y el postmodernismo. El feminismo ha infectado las familias, la iglesia y el estado. La sodomía se ha destapado y la pedofilia se halla en el horizonte – mientras buena parte de la iglesia evangélica predica un evangelio de amor y gracia donde está ausente la santa ley de Dios. El estado está tratando cada vez más de asumir el mismo papel de Dios – mientras los profesores pietistas de los seminarios, los pastores y los políticos conservadores no ven bosquejos bíblicos para la sociedad, o no ven relevancia para la ley bíblica; nos dirigen a ver la naturaleza y a la ley natural (la razón del hombre) – no a la Biblia – en busca de respuestas para los males de la sociedad. más que cualquier otro tiempo en la historia de los Estados Unidos (y de América Latina), este es un momento cuando el pueblo de Dios necesita estar equipado con las gloriosas verdades de la Palabra de Dios, para que puedan entrar a la batalla y después de haber acabado todo permanecer victoriosos (efe. 6:10-13). La verdad de Dios está avanzando, ¡y será victoriosa! pero la pregunta es, ¿será usted fiel en la batalla? el señalamiento de aquel firme reformador, Martín Lutero, aún resuena el día de hoy: si profeso con la voz más elevada y la exposición más clara cada porción de la verdad de Dios excepto precisamente en ése pequeño punto que tanto el mundo como el diablo están atacando en ese momento, no estoy confesando a Cristo, no importa cuán audazmente pueda estar profesando a Cristo. Allí donde ruge la batalla, allí se prueba la lealtad del soldado; además, permanecer firme en el campo de batalla es mera lucha desgracia si flaquea en ese punto. Lutero, Calvino, Knox, Edwards, Whitefield y otros héroes de la fe conquistaron reinos predicando todo el consejo de Dios (hechos 20:27) en el poder del Espíritu. Ellos conocían las doctrinas de la Escritura y las aplicaron a los asuntos de su tiempo. Por la gracia de Dios podemos hacer lo mismo hoy; pero esto solamente ocurrirá si estudiamos diligentemente la Palabra de Dios (la doctrina bíblica) de modo que manejemos con precisión la Palabra de verdad (2 tim. 2:15).
¡Esta es la razón por la cual necesitamos estudiar teología!
Por Robert E. Fugate
No es algo poco común en la actualidad que la gente cuestione la importancia de estudiar teología. Algunos cristianos afirman que ellos solo quieren escuchar sermones prácticos, no sermones que enseñan teología. (¿No se dan cuenta que la ética bíblica se deriva de la teología bíblica?) Otros afirman que la teología divide, de modo que concluyen en que toda la teología es perjudicial. Debido a tales actitudes, autoridades reconocidas en el crecimiento de la iglesia les advierten a los pastores a evitar enseñar doctrina. No obstante, debemos preguntar, ¿es este un enfoque bíblico? ¿Existen razones por las cuales debiésemos estudiar teología? me gustaría sugerir varias razones por las cuales es imperativo que los cristianos estudien teología cristiana y ortodoxa.
El Tema De La Teología Es El Tema Más Importante Del Universo
La teología es el estudio del Dios trino y personal – su naturaleza y sus propósitos, los cuales revela a través de sus Palabras y sus hechos. Un atributo de este Dios soberano e inmutable es la verdad. Debido a que Dios es verdad, su Palabra es verdad (Juan 17:17). Puesto que la Palabra de Dios es verdad esta funciona como el estándar último de la verdad, el punto de referencia por el cual ha de medirse toda otra afirmación de veracidad. Dios nos dice que su Palabra escrita es útil para enseñar – para establecer doctrina (2 tim. 3:16). ¡Todos estos hechos nos informan que el estudio de la teología ortodoxa o de la doctrina bíblica es el campo más importante de estudio que podríamos jamás estudiar! generalmente se hace referencia al estudio de la doctrina bíblica como teología sistemática. Al usar el término teología sistemática indicamos que existe una declaración unificada y exhaustiva de lo que la Escritura, como un todo, enseña con respecto a Dios.
La Teología Es El Fundamento Para Todos Los Aspectos De La Vida Y El Estudio
La teología sistemática es necesaria si es que los hombres han de pensar de forma inteligente y lógica con respecto a cualquier cosa. Sin el concepto de teología sistemática y el Dios que esta establece, no podemos sostener el concepto de un universo racional y comprensible, y por ende, de ningún orden significativo. No hay otro Dios, ni ninguna otra verdad, ninguna otra posibilidad, sistema o significado fuera de él. Dios como creador, gobernante providencial y redentor es la causa, conexión, voluntad, poder y acción necesaria entre y en todas las cosas. Cualquier cosa menos que esa no es teología sino antropología (el estudio del hombre) de modo que la teología cristiana ortodoxa provee el fundamento para cualquier otro campo de estudio. Aparte de la doctrina bíblica uno no puede jamás entender apropiadamente el papel de la iglesia, el estado, la escuela, la familia, las artes y las ciencias, las vocaciones o cualquier otra cosa.
La Teología Une A Los Cristianos En La Verdad
El verdadero compañerismo con Dios (quien es la verdad) y con el pueblo de Dios requiere la verdad. La unidad del espíritu únicamente puede ser disfrutada donde haya unidad de la fe (efe. 4:3-6; 13-15), pues la luz no puede tener compañerismo con las tinieblas (2 cor. 6:14-16). Hemos de estar opuestos a cualquiera que predique unidad, mientras hace a un lado la doctrina apostólica (tal y como se registra de manera infalible en la Escritura) (hechos 15:1f, 23f; 1 cor. 14:36-38; 2 cor. 13:2f; gál. 1:8f; 1 tes. 4:8; 2 tes. 3:6, 14; tit. 2:15; 1 jn. 2:18; 2 jn. 9-11; apoc. 22:18f). La teología sistemática hace que un creyente sea más epistemológicamente consciente al desarraigar las inconsistencias de la religión del sincretismo. (Para ser epistemológicamente auto-consciente una persona debe deliberadamente seleccionar doctrinas, otras creencias, éticas, etc. que sean consistentes las unas con las otras y con la teoría del conocimiento, i.e., epistemología, que tenga la persona). No hay lugar para el pluralismo epistemológico, teológico o ético en el pensamiento cristiano. Dios es la fuente de la verdad.
La Teología Protege A Los Cristianos De Los Errores Nocivos
La Palabra de Dios separa la verdad del error, enseñando la sana [sólida] doctrina (1 tim. 1:10; 4:6; 6:3; 2 tim. 1:13; 4:3; tit. 1:9; 2:1, 10), mientras advierte en contra de la falsa doctrina (2 cor. 11:4; Gal. 1:6-9; 1 tim. 1:3; 4:1; 6:3). De modo que hay un sentido en el que se supone que la doctrina ha de dividir. Dios mismo ha decretado una antítesis perpetua entre su reino y el reino de satanás, entre la verdad y el error (gén. 3:15; mat. 25:41). Cristo causó divisiones (mat. 10:34; luc. 12:51; jn. 7:12, 43; 9:16; 10:19) – incluso a través de su enseñanza (jn. 6:61-66; 10:19-21). La teología sistemática sólidamente bíblica sigue trabajando para desarraigar todas las presuposiciones extrañas, y para proteger en contra de las filosofías paganas (col. 2:8). Algunos errores doctrinales son tan serios que Dios los llama herejías destructivas (2 Ped. 2:1) y doctrinas de demonios (1 tim. 4:1). Pero aparte de un entendimiento de la doctrina, ¿cómo puede uno saber qué constituye herejía, y cuáles herejías con particularmente destructivas (de maldición)? la Escritura nos dice que Dios pronuncia una maldición sobre cualquiera que predique algún otro evangelio (Gál. 1:8). Los ejemplos podrían incluir: un evangelio de salvación por gracia más obras (e.g., catolicismo romano, mormonismo, etc.); un evangelio psicológico; un evangelio de socialismo (e.g., teología de la liberación); un evangelio de salud y riquezas constantes; un evangelio de un Dios finito (e.g., teología del proceso, la visión abierta de Dios); etc. algunas personas objetan que la doctrina es relativamente poco importante; lo que es primordial es una pasión por Jesús. Sin embargo, la escogencia entre una pasión por Jesús y la doctrina cristiana ortodoxa es un falso dilema. La única opción es esto y aquello, no de esto o lo otro. Sin la doctrina cristiana ortodoxa usted no puede darse cuenta de si el Jesús con el cual otras personas están apasionadas es el mismo Jesús con el cual usted está apasionado. numerosos cultos y numerosas religiones tienen su propio Jesús: el Jesús de los testigos de Jehová, el Jesús mormón, el Jesús liberal, el Jesús unitario, el Jesús de la nueva era, el Jesús de los judíos, el Jesús musulmán, el Jesús de la unidad, el Jesús de los consejeros cristianos, etc. la situación no era diferente en la iglesia primitiva con el Jesús ebionita, el Jesús docético, el Jesús arriano, el Jesús apolinario, el Jesús nestoriano, el Jesús de eutico, etc. ¡y la mayoría de estos grupos estaban llenos de pasión respecto a su Jesús! además, sin la doctrina cristiana ortodoxa, ni siquiera puede saber si el Jesús con el cual usted está apasionado es el Señor JesuCristo, el Dios-hombre que se sienta a la mano derecha de Dios el padre, i.e., ¡el Jesús de la Biblia! de modo que no es asunto de escoger entre la pasión por Jesús y la doctrina cristiana ortodoxa. El apóstol pablo es un buen ejemplo de cómo deben combinarse ambas cosas. La iglesia, a lo largo de todas las edades, ha encontrado que el estudio de la teología es algo indispensable. Son generalmente los herejes quienes se oponen de manera estricta al estudio de la teología cristiana histórica ortodoxa. Claro está que los mismos herejes no carecen de teología.
El Estudio De La Teología Es Necesario Para Obedecer La Escritura
Los cristianos necesitan aprender la doctrina bíblica para obedecer plenamente al Señor. Por ejemplo, la Escritura nos manda: a amar al Señor nuestro Dios con toda nuestra mente (mat. 22:37; deut. 6:5); a dejar de pensar como el mundo piensa (rom. 12:2); a llevar todo pensamiento cautivo a la obediencia a Cristo (2 cor. 10:5), que Cristo pueda tener preeminencia en todo (col. 1:18). En otras Palabras, debemos (al nivel de criaturas) pensar los pensamientos de Dios según su manera. Para pensar los pensamientos de Dios a su manera debemos sistematizar la Palabra escrita de Dios, aplicándola a todas las áreas de la vida. En pocas Palabras, debemos desarrollar una cosmovisión cristiana abarcadora por la cual podamos interpretar la totalidad de la vida, incluyendo los negocios, la economía, el papel del gobierno civil, el matrimonio y la familia, la educación, la ciencia, el arte, la música, la recreación, etc. – desde la perspectiva de Dios. conformarse con cualquier cosa menos que una cosmovisión cristiana global es una negación de la soberanía o del Señorío de Cristo sobre todas las áreas de la vida, y una negación de que todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento pueden encontrarse únicamente en él (col. 2:3). Además, cualquier meta menor le roba a Dios la gloria debida a su nombre. Es claro entonces que para ser capaces de aplicar la Biblia a todas las áreas de la vida y la cultura se requerirá el estudio de la doctrina bíblica. Obedecer los mandamientos directos de la Biblia, tales como, contended ardientemente por la fe que ha sido transmitida a los santos de una vez por todas (judas 3, rvr77), es algo que necesita el estudio de la teología. ¿De qué otra manera puede uno saber qué constituye la fe que fue transmitida a los santos de una vez por todas? lo mismo podría decirse de muchos otros versículos. Los cristianos han de permanecer fijamente en la doctrina de los apóstoles (hechos 2:42; 2 tim. 3:10) - ¿pero qué es la doctrina de los apóstoles? Cristo les advirtió a los discípulos a que tuvieran cuidado de los efectos corruptos de la mala doctrina (mat. 16:12; cf. col. 2:20-23; heb. 13:9) - ¿qué conforma la mala doctrina?
La Iglesia Es El Depósito Y Guardiana De La Verdad
La Escritura se refiere a la fe que fue una vez dada a los santos (judas 3) como un depósito de verdad que le fue confiado a la iglesia de Cristo (1 tim. 1:18; 6:20; 2 tim. 1:14; 2:2; cf. rom. 3:2; 1 cor. 9:17; gál. 2:7; 1 tes. 2:4; 1 tim. 1:11; tit. 1:3). Dios tiene a la iglesia como responsable de guardar y sostener firmemente este depósito de verdad doctrinal (hechos 16:4; 1 cor. 11:2; 15:1; 2 tes. 2:15; 1 tim. 6:20; 2 tim. 1:14). Decir esto es decir que el cristianismo implica la verdad o doctrina revelada por Dios. ¡Si no hay verdadera doctrina, no hay verdadero cristianismo! apartarse de la sana doctrina es apostatar de la verdad, i.e., la fe cristiana (2 tim. 4:3f). Los líderes de la iglesia deben darle atención a la sana doctrina (1 tim. 4:13, 16; tit. 2:1, 7), no han de enseñar otra doctrina (1 tim. 1:3; tit. 1:9), pues las doctrinas hechas por los hombres producen vana adoración (mat. 15:9; marc. 7:7). Aquellos ancianos que trabajan duro en la Palabra y en la doctrina han de recibir un pago mayor (1 tim. 5:17f). A la iglesia se le manda evitar y excomulgar a aquellos que rechacen la sana doctrina (rom. 16:17; 1 tim. 6:3-5; 2 tes. 3:6, 14; 2 jn. 9f; apoc. 2:14f, 24). Es claro entonces que creer y obedecer la doctrina bíblica es algo muy importante para el Señor.
Todos Son Teólogos
Las cosas no permanecen en un vacío donde la sana teología bíblica y sistemática esté ausente; la teología antibíblica llenará ese vacío. La teología sistemática no puede ser evadida. Nunca es un asunto de teología o no-teología; siempre es un asunto de cuál teología – la teología bíblica o la teología antibíblica. ¡La teología es un concepto inevitable! todos tienen una teología (ya sea buena o mala, consistente o inconsistente). Todos son teólogos (ya sea aficionado o profesional). Para resumir, estudiar teología cristiana ortodoxa puede ayudarle a:
- Conocer y entender mejor a Dios y sus propósitos, obedecerle y glorificarle más plenamente;
- Edificar una cosmovisión cristiana con la cual pueda interpretar apropiadamente todos los aspectos de la vida y la cultura, aprendiendo a pensar los pensamientos de Dios a su manera;
- Guardar la fe cristiana que fue una vez dada a los santos, permaneciendo unido con la verdadera iglesia de todos los tiempos; y
- Estar protegido de los falsos profetas, falsos maestros y las varias formas de engaño satánico.
Sed Fieles Soldados De Cristo
La iglesia de los Estados Unidos (y de América Latina) está siendo desgarrada por herejías y éticas antibíblicas. La inerrancia de la Escritura está siendo considerada como una doctrina no esencial por muchos eruditos evangélicos de la actualidad. En las mentes de muchos es la ciencia la que habla la Palabra autoritativa, de modo que creen en la evolución teísta en lugar de creer en los seis días de la creación. Los errores anti-trinitarios se están diseminando, lo mismo que la adoración panteísta de la naturaleza, el deísmo finito, las religiones orientales y otras formas de misticismo. Las psicologías paganas que se contradicen a sí mismas han reemplazado la consejería bíblica en muchos bastiones del evangelicalismo. La verdad objetiva está siendo suplantada por el subjetivismo, el relativismo y el postmodernismo. El feminismo ha infectado las familias, la iglesia y el estado. La sodomía se ha destapado y la pedofilia se halla en el horizonte – mientras buena parte de la iglesia evangélica predica un evangelio de amor y gracia donde está ausente la santa ley de Dios. El estado está tratando cada vez más de asumir el mismo papel de Dios – mientras los profesores pietistas de los seminarios, los pastores y los políticos conservadores no ven bosquejos bíblicos para la sociedad, o no ven relevancia para la ley bíblica; nos dirigen a ver la naturaleza y a la ley natural (la razón del hombre) – no a la Biblia – en busca de respuestas para los males de la sociedad. más que cualquier otro tiempo en la historia de los Estados Unidos (y de América Latina), este es un momento cuando el pueblo de Dios necesita estar equipado con las gloriosas verdades de la Palabra de Dios, para que puedan entrar a la batalla y después de haber acabado todo permanecer victoriosos (efe. 6:10-13). La verdad de Dios está avanzando, ¡y será victoriosa! pero la pregunta es, ¿será usted fiel en la batalla? el señalamiento de aquel firme reformador, Martín Lutero, aún resuena el día de hoy: si profeso con la voz más elevada y la exposición más clara cada porción de la verdad de Dios excepto precisamente en ése pequeño punto que tanto el mundo como el diablo están atacando en ese momento, no estoy confesando a Cristo, no importa cuán audazmente pueda estar profesando a Cristo. Allí donde ruge la batalla, allí se prueba la lealtad del soldado; además, permanecer firme en el campo de batalla es mera lucha desgracia si flaquea en ese punto. Lutero, Calvino, Knox, Edwards, Whitefield y otros héroes de la fe conquistaron reinos predicando todo el consejo de Dios (hechos 20:27) en el poder del Espíritu. Ellos conocían las doctrinas de la Escritura y las aplicaron a los asuntos de su tiempo. Por la gracia de Dios podemos hacer lo mismo hoy; pero esto solamente ocurrirá si estudiamos diligentemente la Palabra de Dios (la doctrina bíblica) de modo que manejemos con precisión la Palabra de verdad (2 tim. 2:15).
¡Esta es la razón por la cual necesitamos estudiar teología!
"Cada uno se fue a su casa; y Jesús se fue al monte de los Olivos." (Juan 7:53, 8:1)
Este es uno de los versículos más tristes de la Biblia. Tras una dura jornada, todos los hombres anhelan llegar a su casa. Allí está la mesa servida, el fuego arde en el hogar, la esposa espera.
Aquél día, todos se fueron, cada uno a su casa, pero el Señor del universo, el creador de todas las cosas, no tenía dónde recostar su cabeza (Mat.8:20). Él se fue al monte de los Olivos.
¿Cuántas veces ocurrió esto en sus 33 años? Podrá argüirse que en los climas tropicales las noches de verano son agradables y que permiten pernoctar al aire libre. Sí, pero, ¿cuántas noches heladas también le sorprendieron a la intemperie? A la medianoche, la temperatura puede ser todavía agradable, ¿pero al amanecer?
Pero eso no es nada al lado del frío del silencio. Sólo su Padre, desde el cielo, atendía cada suspiro de su corazón. ¡Oh, qué soledad y desamparo! ¡Oh, Maestro amado! El más digno de los hombres vivió como un proscrito, como un réprobo entre los hombres. Allí en el monte no había lugar para el deleite; no había una mano que acariciara su frente cansada.
Cuántas jornadas caminando sin descanso concluyeron así. Cuántas noches velando, para poder traer a la mañana siguiente una Palabra fresca de consuelo y de perdón a los afligidos. Sí, porque a la mañana siguiente había que perdonar a la mujer adúltera y librarla de la muerte. Había que resistir la feroz arremetida de los escribas y fariseos. Había que detener el espíritu legalista y condenador.
Este es uno de los versículos más tristes de la Biblia. Porque amamos demasiado nuestra casa y buscamos con demasiada frecuencia su refugio y su consuelo. Porque muchas veces ha venido a nosotros con su cabeza llena del rocío de la noche, ha tocado nuestra puerta, y pronunciado dulces Palabras (Cant.5:2, Apoc.3:20). Él nos ha dicho que le acompañemos allá afuera, porque mañana habrá fariseos que detener y adúlteras que necesitarán perdón.
Este es uno de los versículos más tristes de la Biblia. Tras una dura jornada, todos los hombres anhelan llegar a su casa. Allí está la mesa servida, el fuego arde en el hogar, la esposa espera.
Aquél día, todos se fueron, cada uno a su casa, pero el Señor del universo, el creador de todas las cosas, no tenía dónde recostar su cabeza (Mat.8:20). Él se fue al monte de los Olivos.
¿Cuántas veces ocurrió esto en sus 33 años? Podrá argüirse que en los climas tropicales las noches de verano son agradables y que permiten pernoctar al aire libre. Sí, pero, ¿cuántas noches heladas también le sorprendieron a la intemperie? A la medianoche, la temperatura puede ser todavía agradable, ¿pero al amanecer?
Pero eso no es nada al lado del frío del silencio. Sólo su Padre, desde el cielo, atendía cada suspiro de su corazón. ¡Oh, qué soledad y desamparo! ¡Oh, Maestro amado! El más digno de los hombres vivió como un proscrito, como un réprobo entre los hombres. Allí en el monte no había lugar para el deleite; no había una mano que acariciara su frente cansada.
Cuántas jornadas caminando sin descanso concluyeron así. Cuántas noches velando, para poder traer a la mañana siguiente una Palabra fresca de consuelo y de perdón a los afligidos. Sí, porque a la mañana siguiente había que perdonar a la mujer adúltera y librarla de la muerte. Había que resistir la feroz arremetida de los escribas y fariseos. Había que detener el espíritu legalista y condenador.
Este es uno de los versículos más tristes de la Biblia. Porque amamos demasiado nuestra casa y buscamos con demasiada frecuencia su refugio y su consuelo. Porque muchas veces ha venido a nosotros con su cabeza llena del rocío de la noche, ha tocado nuestra puerta, y pronunciado dulces Palabras (Cant.5:2, Apoc.3:20). Él nos ha dicho que le acompañemos allá afuera, porque mañana habrá fariseos que detener y adúlteras que necesitarán perdón.
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